domingo, 19 de diciembre de 2010

Tonada de Luna Llena



Escuchen entonces ahora sí directamente en el blog, tomado del youtube, Tonada de luna llena. La bellísima y dulce canción llanera, del venezolano Simón Díaz, uno de los más queridos cantautores de nuestra América Latina. A continuación pueden escuchar otras canciones del mismo cantautor.

sábado, 18 de diciembre de 2010

FIN DE AÑO PRINCIPIO DE OTRO

Expresiones como la siguiente son lugares comunes y cotidianos en nuestro tiempo: "Esto se hace así y se acabó, los lentos que se jodan". Es una forma de hablar de aquellos que se sienten más allá del bien y del mal. La reflexión en tales casos casi no existe y los demás tienen que supeditarse a la ley del más rápido, del más prepotente, del más violento, del que más grita y atropella, del que roba y utiliza al otro y lo somete a la nueva esclavitud que se expande por el mundo.
¿En qué clase de sociedad "global" estamos inmersos?
Leía una entrevista, en esas informaciones veloces que llegan por internet. Era la entrevista a un capo mafioso de la droga en Brasil....
Cuando lees eso, te preguntas, ¿quiénes están tomándose el poder en el mundo presente? Y no es difícil responder: el que maneja el dinero, la droga y la política. Y los demás qué...? Nos estamos convirtiendo en marionetas de esos poderosos. Somos los muñecos, las víctimas, los alienados por el alcohol y las drogas. Nos manejan a su antojo, nos tienen en sus manos y nos dicen que debemos estar en onda. Todos nosotros, masa inerme, desesperada por no quedar fuera de este sistema feroz, que corre sobre ruedas y contamina todo a su paso.
Cuánta lucidez se pierde en cada año que pasa...Generaciones de filósofos y grandes figuras literarias, ¿han borroneado libros que ahora casi nadie lee? El sentido humanista se está yendo por las alcantarillas.
Cuando veo a tantos jóvenes ponerse en onda, inhalando substancias químicas, emborrachándose y hablando cualquier cosa, igual que sus padres, y para colmo creyéndose diferentes a ellos, pero cayendo en la misma banalidad, en la misma estupidez. Piensan que esas substancias despiertan la genialidad, quieren ser como Rimbaud, Poe o Baudelaire , pero no saben que esos personajes fueron geniales ya antes de involucrarse en sus adicciones, que, finalmente, fueron la causa de su destrucción.
Así que si no son genios naturales, peor lo van a ser consumiendo químicos o pegándose la borrachera del siglo, pobres neuronas, pobres tipos...Lo que natura non da....
De un modo mecánico participamos de la aceleración, de la velocidad para sentir la adrenalina, y sobre todo de la ineptitud para reflexionar y para detener esta carrera hacia el abismo. Todo está contagiado, incluidas las sectas religiosas que aprovechan la situación y negocian el cielo para conquistar adeptos y también regodearse de su paraíso financiero en la tierra. Creo que allí está la punta del ovillo. Todo se ha convertido en negocio. Estamos sumergidos en los negocios como los peces en el agua. No será que la verdadera revolución está en el REGRESO A LA TIERRA? Con todo lo que eso significaría, es decir, todo lo bueno que se derivaría de esa condición de sembradores: solidaridad, alegría, comunitarismo. La vida tendría otro sentido; otro ritmo más feliz nos llevaría a derrotar el pandemonium en el que vivimos actualmente. Sé que tal vez esto sea una utopía imposible por el momento, pero quien sabe, si en el futuro pueda convertirse en realidad...Es un tema para reflexionar.

(Entren en google y escuchen en youtube La tonada de luna llena, del cantante Simón Díaz, un hermoso regalo.)

jueves, 18 de noviembre de 2010

Presentación de libro en la feria de Caracas






Hace dos días regresé de Venezuela, allí asistí a la feria exposición del libro de este año. Fue grato haber integrado la delegación de escritores enviada por el Ministerio de Cultura, para realizar actividades en la feria del libro de Caracas. Es bueno de vez en cuando participar de estos encuentros culturales donde se dan cita varios países. Cierto es que en dos días y medio es difícil hacer mayor contacto con escritores, editoriales, etc. Con tanta gente y tantas actividades supongo que tal cosa se va dando, luego, vía internet. Fue bastante rápido pero lo suficiente para que queden en la retina algunas imágenes de la Caracas de hoy. Es la primera vez que viajo a ese país y fue interesante. Me llevé algunas impresiones, casi como fotografías: las amplias autopistas con ese tráfico infernal que te toma dos horas o más en llegar desde el aereopuerto a la ciudad. Intentamos con una amiga, la víspera de nuestro regreso, ir una mañana en metro al centro para ver algunos edificios interesantes, uno de ellos la casa de Bolívar, pero nos tocó una tarde de aguacero torrencial, todo cerrado, obviamente era domingo seis de la tarde, hora loca para visitar museos; tuve que esperar, bajo una saliente de uno de los edificios, a una querida amiga, que heróicamente y sin discutir, se atravesó la tempestad con una bolsa plástica en la cabeza para cumplir con el anhelo de conocer la casa de Bolívar. No tuvo suerte tampoco, y regresó empapada al lugar donde yo la esperaba toda mojada por la lluvia. Así que tuvimos que volver al hotel sin haber cumplido con ese ritual turistico. Pero me gustó viajar con la gente en el metro, acompañando esas rutinas del caraqueño popular.
La gente es seria pero amable, se siente cierta calidez propia del caribeño. De paso, en esa urbe de concreto rodeada de verdor no debe ser fácil vivir. Me impresionó el caserío inmenso que trepa las colinas, supongo que el gobierno popular de Chávez se está ocupando de mejorar las condiciones de vida de ese conglomerado enclavado en las barriadas pobres. Faltó tiempo para conocer algo más sobre el asunto.
En la feria hubo muchas actividades culturales, me sorprendió la cantidad de gente comprando libros en el stand de la editorial Monte Ávila que vendía los libros muy baratos; hacían colas muy largas para pagar por la pila de libros que cada persona llevaba. Situación que habla de una gran preocupación por leer y eso en una sociedad es un gran avance. Bien por Venezuela. Uno aprende a ver y a querer a Latinoamérica como a una patria común. Sin entrar en discursos líricos, esa sensación es entrañable.


PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE SARA VANEGAS COVEÑA

MÍNIMA ANTOLOGÍA POÉTICA

Sara Vanegas Coveña destaca entre las voces poéticas actuales más importantes, que el Ecuador ha dado a la Literatura.
De Cuenca, la ciudad que vio nacer a César Dávila Andrade, nuestro poeta mayor, viene Sara a ocupar un alto sitial bien merecido en un país donde las voces femeninas en poesía son raras o efímeras. Su obra tiene la consistencia literaria y la importancia de la mejor poética reconocida no solo en el Ecuador sino internacionalmente. Tengo el inmenso placer de realizar hoy, la presentación de esta su Mínima Antología Poética, una selección de textos esenciales tomados de un gran volumen antológico que salió publicado hace poco en la Casa de la Cultura Benjamín Carrión.

La poesía de Sara está concebida desde el silencio, unida, como en acto de meditación, al espíritu de las rocas, al de los arrecifes marinos, a los misterios del desierto, del temido mar, y a lo substancial de la naturaleza humana que declina con el atardecer. En ese instante de aislamiento, la voz poética de esta autora nos transporta de la serenidad contemplativa a cierta sensación de cautiverio entre muros invisibles. Los versos aparentemente herméticos han sido concebidos y estructurados con una inteligencia creativa que no deja palabras al azar.

tu sombra que sangra en los arrecifes
chorro de crudas amapolas
mancha estos signos
inútiles
este silencio
me vuelve

roja estrella en tu costado oscuro

Versos que susurran distancias y ausencias que duelen. La poesía nos llega como tallada en el aire; el sonido de las palabras abrazan los significados de la vida; la sensualidad brota como un reflejo en la visión nocturna del poema.
Pájaros, ciervos, dunas bajo el cielo ardiente, peces y aguas cristalinas laten en las alas del poema como un canto que se ha posado en cada verso. Pero también el costado amargo surge de repente en el poema 7, con sus demonios sombríos llenos de presagios y aflicciones.


escupo tu nombre en el agua
mientras la noche lanza sus escorpiones
(sobre mi corazón
averiado y cobarde)
la luna cada vez más alta
el aire en llamas
y el agua…


el agua que envenena mis labios

Descubrimos imágenes que expresan sortilegio y conjuro al mismo tiempo, y constituyen el espíritu del poemario. Versos libres como aves que describen un mensaje, son percepciones que nos aproximan al mundo de Sara Vanegas al leer sus textos. Un mundo donde pervive el arte inspirador de su escritura, cuando en su libro Al andar, aparece el poema Púrpura, surgido de su admiración por un cuadro de Magritte, el poema Ave del paraíso que nació cuando la voz de una cantante egipcia la deslumbró, pero también la grandeza eterna de las sinfonías de Beethoven o la armonía de otros maestros de la música universal, fueron los ámbitos donde esta autora ha encontrado sus “estados de gracia”, como ella denomina a los momentos luminosos que hacen brotar la música que contienen estos versos.

alguien sobre el pico más alto del mundo
toca una trompeta:
las criaturas más bellas y las más infames
acuden al llamado

todas se miran en el agua y olvidan su
rostro

Como en la poesía del universal Walt Whitman, cuya mirada se extendía hasta el horizonte, siguiendo la luz del sol o la oscuridad de las sombras, abarcadoras de campos, ríos, montañas y océanos, metáforas cósmicas y telúricas donde iban implícitos el amor por la vida y su pasión por la humanidad, también en esta poética de Sara Vanegas encuentro un canto vital a la naturaleza y a esos seres humanos próximos o lejanos, que despertaron sentimientos de amor o de dolor. Cómo lograr ese estado espiritual en medio de un mundo tan complejo, tal vez sólo sabrá hacerlo alguien que pueda sortear los abismos y elegir la claridad de esta vida sin equivocarse, con un equilibrio propio de los sabios o de los santos.
Sin duda, la poesía de Sara Vanegas logra en sus textos, ese equilibrio entre las luces y las sombras, fusiona las certezas y las dudas de este mundo, nos deja su mensaje humano y la maravillosa resonancia de la palabra poética.
Y.Z.P

viernes, 24 de septiembre de 2010

CESAR VALLEJO

Últimamente no he puesto nada en el blog. Ando ocupada con el cuento pero justo este día estuve hojeando un libro de César Vallejo y quiero poner un texto del gran poeta peruano. Cuando la violencia en el mundo es pan de cada día, me nace poner este poema tan expresivo y universal que nos toca a todos…

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LOS NUEVE MONSTRUOS

I, desgraciadamente,

el dolor crece en el mundo a cada rato,

crece a treinta minutos por segundo, paso a paso

y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces

y la condición del martirio, carnívora, voraz

es el dolor dos veces

y el bien de ser, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,

hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa,

en la cartera,

en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!

Jamás tanto cariño doloroso,

jamás tan cerca arremetió lo lejos,

jamás el fuego nunca

jugó mejor su rol de frío muerto!

Jamás, señor ministro de salud, fue la salud

más mortal

y la migraña extrajo tánta frente de la frente!

Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,

el corazón, en su cajón, dolor

la lagartija en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,

más pronto que la máquina, a diez máquinas, y

crece

con la res de Rousseau, con nuestras barbas;

crece el mal por razones que ignoramos

y es una inundación con propios líquidos,

con propio barro y nube sólida!

Invierte el sufrimiento posiciones, da función

en que el humor acuoso es vertical

al pavimento,

el ojo es visto y esta oreja oída,

y esta oreja da nueve campanadas a la hora

del rayo, y nueve carcajadas

a la hora del trigo , y nueve cánticos

a la hora del hambre y nueve truenos

y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,

por detrás, de perfil,

y nos aloca en los cinemas

nos clava en los gramófonos,

nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente

a nuestros boletos, a nuestras cartas;

y es muy grave sufrir, puede uno orar…

Pues de resultas

del dolor, hay algunos

que nacen, otros crecen, otros mueren,

y otros que nacen y no mueren, otros

que sin haber nacido, mueren (son los más)

Y también de resultas

del sufrimiento, estoy triste

hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,

de ver al pan, crucificado, al nabo,

ensangrentado,

llorando, a la cebolla,

al cereal, en general, harina,

a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,

al vino, un ecce-homo,

tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!

¡Cómo, hermanos humanos, no deciros que

ya no puedo con tanto cajón,

tánto minuto, tánta

lagartija y tánta

inversión, tánto lejos y tánta sed de sed!

Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?

¡Ah! Desgraciadamente, hombres humanos,

hay, hermanos, muchísimo que hacer.

sábado, 4 de septiembre de 2010

AUTORAS ECUATORIANAS

He buscado cuentos de mujeres ecuatorianas entre las pocas antologías que han sido publicadas localmente. Es triste decir que no existe casi investigación sobre la escritura ecuatoriana actual, en general, y menos incluir a escritoras. Se dice, o dicen, algunas voces consagradas, que no hay ninguna mujer que merezca estar dentro del grupo renombrado de escritores ecuatorianos, otros dirán que en realidad no hay escritores renombrados en el Ecuador del presente. Todos son dimes y diretes. No se debe hablar tan fácilmente, sería bueno, si en lugar de tales comentarios, tuviéramos más concursos literarios, más talleres, más revistas literarias, más antologías, para encontrar y estimular a la gente que escribe, sean mujeres u/o hombres.
En este desierto con alguno que otro oasis, he buscado cuentos de escritoras mujeres, para poner uno de ellos, esta vez en el blog. Hay autoras interesantes que han escrito y publicado sus libros, pero no hay un verdadero análisis de lo que ellas escriben, por lo menos no lo conozco, si es así me disculpan pero como hay tan poca difusión sobre el asunto; no conozco de un estudio que permita conocer en profundidad, cuáles son los temas preferidos de las y los ecuatorianos en la actualidad literaria nacional.
No me gusta separar hombres de mujeres, porque me parece triste y vergonzoso formar esa especie de ghetos de mujeres, gheto suena un poco duro en realidad, más bien reductos de mujeres, como lo que se intentó hacer en la Casa de la Cultura hace no mucho tiempo. Yo no estoy de acuerdo. La literatura es una y no se debe hacer diferencias por el género o por el sexo del autor, eso, es discriminatorio.
Otra cosa es realizar un estudio de lo que se escribe en el Ecuador, para conocer cuál es el mundo literario dentro de una sociedad sexista como la nuestra, pero, hablando de la literatura en general, no separando absurdamente a los autores por sexos, como si fuera una competencia física igual que en los deportes; es estúpido, profundamente machista, retrógrado y doloroso, uno de los tantos complejos sociales que nos impiden respirar con libertad. Este tema merecería un análisis mucho más extenso y sabio, espero en algún momento poder hacerlo, o que alguien más capacitado/a en la materia, lo haga.
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A continuación pondré un texto de la escritora Lupe Rumazo. En realidad es un capítulo dentro de un relato largo, o novela corta, que resulta extenso para ponerlo en el blog, y que dada la estructura del capítulo, bien podría ser un cuento aparte.

Lupe Rumazo:
Nacida en Quito (1935)
Ha publicado, novela, ensayo, crítica literaria y cuento. En el lagar (1961), Yunques y crisoles americanos, (1967); Rol beligerante, (1974); Sílabas de la tierra, (Relatos 1964); Carta larga sin final , (novela 1978).
Ernesto Sábato, Ernesto Picón Salas, Juana de Ibarbourou, Benjamín Carrión, entre otros, han comentado sobre la valiosa obra de Lupe Rumazo.
(Primer capítulo del relato: La marcha de los batracios)

LA NOTICIA

“Solamente ayer en la tarde fue encontrado el cadáver de Rubén Alado, novelista internacional, que se presume se suicidó dos días antes. El hallazgo lo hizo la doméstica del Hotel Trilce, donde el escritor vivía desde hace algunos años. La sirvienta, Genoveva Pereira, en vista de que el Sr. Alado no había atendido durante dos días a sus golpes en la puerta, optó por entrar a la habitación para realizar la limpieza. Allí encontró sobre el lecho el cuerpo exánime de Alado, que para suicidarse se había hecho el hara-kiri, pero directamente en el corazón. El puñal corto no había sido extraído del cuerpo; el suicida después de introducírselo no pudo o no quiso sacarlo. Rubén Alado no deja familiares inmediatos, pero sí una obra de consideración. Es autor de…”


No huyó de su casa porque su casa apenas era una habitación de hotel; desde hace años siempre había sido una habitación de hotel. Los hoteles daban libertad y daban soledad, hasta la soledad y libertad de matarse. Pero hizo como si en realidad tuviera casa, es decir hogar, y huyera: era parte del plan. No había buen relato sin un planteamiento anterior, aunque en el momento de escribir se desbocara la mente y las palabras corrieran atropellándose, saltando y galopando y se pensara entonces que todo había surgido por obra de una fuerza descomunal, desconocida y mágica, impenetrable e ignota. Esa fuerza marcada y real que en el diseño de la vida forzaba también a ciertas acciones inesperadas, torcedoras de rumbo, como esta de ahora de decidir matarse. Fuerza que los astros marcaban con un día y una hora señalados y que correspondía necesariamente a una órbita casi imposible de romperse. La órbita giraba y él había entrado en ella. La órbita tenía su ruta, la órbita tenía sus etapas. En la primera había que arreglar el escritorio; no dejar los papeles amontonados, ni sueltos, ni las carpetas dispersas. Todo correspondía a un orden que mañana, ya desaparecido él, sería examinado. Que no se pensara que las páginas iniciales de su novela inédita “La marcha de los batracios”, correspondían a sus investigaciones esotéricas, ni que sus cartas en borrador constituían su diario. Se escribía fundamentalmente para la posteridad. Había que dejar también una suerte de despedida, nunca una explicación, nunca una aclaración del misterio. Mal escritor sería aquel que se tornara explicativo y argumental; pobre tipo el que se vanagloriara de su carga expositiva. –Al carajo con los dogmas; al carajo con las ortodoxias. Y escribió, en hoja que colocó sobre el escritorio, visible por lo mismo:
“La miseria no está sola; el cuarto poder se ha aposentado sobre la tierra”. Los estúpidos, los que entienden que se escribe exactamente lo que se piensa, creerían que se había matado por hambre; para ellos las cuatro camisas y la contada ropa interior de su armario, y el terno viejo y el sobrante par de zapatos; para ellos el olor de su cuerpo marcado en la ropa, cuerpo de lucha y sudor, cuerpo de agobio y derrota. Para los menos brutos, el legado del cuarto poder. El cuarto poder que le permitiría a él, tensa pero voluntariamente, aniquilarse. Para los iniciados, las partículas de su cuerpo astral y de su cuerpo etéreo que empezarían a congregarse y unirse hasta formar el doble de su ser el momento en que el puñal hondo y filoso destapara el ánfora de su corazón. Cerró la puerta de su habitación, golpeándola. Los testigos irreales constatarían su huída, los reales –el pobre viejo de la recepción o Genoveva-, nunca atónitos o desagradados, se alegrarían de que él, un cliente, y un cliente es el que paga y por lo mismo tiene derechos, golpeara la puerta vieja, la puerta ajena del miserable patrón. Un detalle más: se había comportado como un duende. Los duendes aparecen y desaparecen, son libres. El era libre desde que intentaba matarse. Los duendes hacen piruetas. Esta era una de sus últimas piruetas.

( Tomado de La marcha de los batracios , Antología del relato ecuatoriano, Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1973)

lunes, 23 de agosto de 2010

ENTREVISTA REALIZADA POR WALDO GONZALEZ




Fotos: de arriba hacia abajo: 1) Con Roberto Zurbano, Director de Editorial Casa de las Américas y Waldo González: poeta y ensayista. 2) Con la directora Isabel Moya, y las compañeras de la revista Mujeres 3) Con el escritor Ernest Hemingway en un café de La Habana.

Hace algo más de dos años, hice un viaje corto a Cuba. Me dije que no me iría de este mundo sin conocer la isla de Cuba, un país con la historia todavía no lejana, de una revolución que tuvo gran trascendencia en el siglo XX, sobre todo para Latinoamérica, la revolución cubana despertó la imaginación, una energía nueva y un idealismo dispuesto a cambiar el mundo, en los jóvenes de esa generación de la cual yo formaba parte. En algo más de treinta años, todo cambió y el mundo es actualmente lo que es, y una tremenda interrogante nos deja perplejos.
Pero mejor paso a hablar de aquel viaje, que para mis ojos, tuvo ese tinte mágico que resucitaba en mí el asombro de los años juveniles.

En Cuba tuve contacto con el poeta Waldo González, de quien guardo un afectuoso recuerdo; él me hizo la siguiente entrevista, para la revista Mujeres que sale periódicamente en La Habana. Con Waldo y su esposa Mayra Hernández también escritora, pude recorrer esos barrios y sentir la atmósfera tan particular que tiene La Habana y en especial la Habana Vieja.
Antes de poner la entrevista quiero transcribir un poema del libro: Estos versos que maldigo, de Waldo González. La décima tiene importantes cultores en Cuba, y voces conocidas del Caribe profundo como la de Nicolás Guillén.

Waldo, además, realiza encuentros literarios y tertulias animadas en un sitio conocido de La Habana, donde reúne a escritores y músicos, un espacio hermoso de los muchos que hay en esta ciudad, para enriquecer esa cultura dinámica e importante que tiene y tuvo el movimiento artístico cubano después de la revolución.
Waldo González López (puerto Padre, Las Tunas, Cuba, 1946). Poeta, crítico literario. Ha publicado: Espinelas con espinas (décima 1981), Qué arde al centro de la vida (décima 1983), Salvaje nostalgia (finalista premio plural México1990? Casablanca 1995, Estos malditos versos (décima, México 1999), Panorama de la décima erótica cubana (2004), y otros poemarios y libros de crítica y ensayo. Sus versos han sido también publicados fuera de Cuba y traducidos a varios idiomas.




FALSÍAS

A Nieves y Adolfo
(sobre una idea de Mario Benedetti)

No olvida el que finge olvido
sino el que puede olvidar…
Mas no se puede borrar
todo lo que se ha vivido.
Confiesas que sí has bebido
y otras cosas no confiesas:
fingiste y mentiste, ilesas
falsías del corazón.

(La vida, como un jarrón
que se te ha roto en mil piezas.)

por Waldo González
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ENTREVISTA

Una quiteña a fondo

Destacada narradora, Yvonne posee el carácter andino de los quiteños, aunado a los rasgos definitorios de su personalidad, a saber; presencia silenciosa, mirada reflexiva, sonrisa a ratos y risa solo ocasional, nunca estruendosa, como los cubanos que, buenos caribeños, somos extrovertidos, ruidosos, carcajadas mediante, y superactivos.

En su breve estancia habanera pudo conocer instituciones, como la Editorial de la Mujer, donde sostuvo un informal encuentro, intercambiando con la ensayista y editora Mayra Hernández, visitó la Casa de las Américas, así como La Habana Vieja, que tanto deseaba conocer.

Ya de regreso a su patria, Yvonne respondió a mi cuestionario, entregado en La Habana. Aquí están, pues, mis preguntas con sus respuestas.

1-¿Cuándo te inicias en las letras, y por qué: algún familiar escritor o las muchas lecturas…?

De niña siempre me gustó expresar lo que sentía a través de la escritura, además me apasionaba la lectura. De los antiguos recuerdos, cuando descubrí que podía descifrar esos signos y conocer el contenido de artículos de revistas y las tiras cómicas que salían en los suplementos que traían los diarios de ese tiempo, sentí una alegría inmensa, entonces trataba de leer todo lo que estaba a mi alcance. Tenía una tía, la pintora, Piedad Paredes Álvarez, una gran artista, y también una gran lectora, ella poseía una biblioteca con excelentes libros. A los once o doce años, cada vez que yo iba a su casa, subía al taller y a veces leía libros que no eran precisamente para chicos. A los quince años, leí El Quijote, varios dramas de Shakespeare, algunas obras del teatro de Tenesee Williams, y llegué a leer El Amante de Lady Chatterley, una traducción del original, libro prohibido hasta para los adultos de esos años. También leía Sherlock Holmes y Arsenio Lupin, novelas policiales que me atrapaban por supuesto, después vinieron los autores latinoamericanos del boom y tantos otros. Desde los trece años escribía poemas para expresar lo que sentía, y creía que no lo hacía tan mal. También me gustaba el teatro y reunía a mis hermanos menores para representar pequeños dramones delante de la familia. Cuando estuve en la secundaria gané un primer premio de poesía, me dieron una hermosa antología que hasta ahora la tengo. Desde entonces he escrito siempre. Estudié Literatura en la universidad particular de Loja, participé en talleres literarios tanto en el Ecuador como en Argentina, y en ese tiempo publiqué ya en algunas revistas. Mi primer poemario lo publiqué en 1983, algo tardía para publicar, no tenía prisa, intentaba ser exigente con mi trabajo, después, las ocupaciones de crianza de los hijos y el trabajo para el sustento, me absorbieron bastante, aunque durante todo ese tiempo seguía escribiendo siempre, poemas y cuentos, textos que me sirvieron para publicar posteriormente en el poemario y libro de cuentos que tú conoces.

2-En tu libro de cuentos, hay experiencias vivenciales, como en toda obra literaria, pero así mismo mucha imaginación, como, seguramente imágenes que has visto y experimentado durante tu estancia en otros países. ¿Es así? Cuéntame por favor.

Sí. Reflejan, en parte, la vida agitada que tuve cuando era joven. Al cumplir la mayoría de edad, en ese tiempo veintiún años, mi mayor deseo era, salir de la casa familiar y alejarme por un tiempo. Algunos de los poemas de mi primer libro fueron escritos, aunque muchos quedaron inéditos, en ese primer viaje a Francia. Me fui con una amiga, únicamente con el pasaje de ida, así que, no podía regresar ni pedir auxilio si me hallaba en apuros porque había quemado las naves. Allá trabajaba cuidando niños, y también di clases de Español o incluso trabajé seis meses en el consulado del Ecuador, como secretaria, sólo para reunir plata e irme, porque detestaba los trabajos burocráticos, así que me fui a Inglaterra para trabajar también cuidando niños temporalmente. Viajé por Europa, a veces con amigos, otras me iba sola haciendo auto stop, pasé muchas aventuras y a veces de riesgo, pero la juventud ayuda a salir adelante; algo siempre me protegió, mi madre decía que ella rezaba siempre por mí; debe haberme enviado buenas energías. En Francia estuve también aprendiendo teatro, y me empapé de la problemática social, no solo francesa sino sobre todo latinoamericana, llegué a Francia un año después de mayo 68. Al regresar al Ecuador, me quedé un año y salí nuevamente para conocer los países que estaban al Sur del Ecuador, con la idea de hacer teatro y relacionarme con actores y artistas, y al mismo tiempo conocer la situación de los países gobernados por dictaduras latinoamericanas. Durante ese tiempo iba escribiendo poemas y las impresiones que me dejaba ese viaje; en la Argentina participé en algunos talleres literarios. Las dictaduras fascistas sudamericanas asolaban nuestros países y dejaron huellas dolorosas, fui testigo en Bolivia y sobre todo en Argentina, del autoritarismo y del terror que se vivía en esas sociedades. Vi secuestrar gente en las calles, en los cafés y en las casas, todos estábamos en riesgo de ser desaparecidos, no sólo por el hecho de pensar como pensábamos sino hasta por el hecho de ser jóvenes y tener pinta de estudiantes, hippies o artistas. Así era ese tiempo, y dejaron su marca en mi escritura, no se diga en escritores de verdadera importancia, y en aquellos “desaparecidos” de esa época funesta, como Francisco Urondo, Rodolfo Walsh y tantos otros.
Muchas cosas han sucedido en el mundo en ese lapso, entre mi época de juventud y la de ahora. Estoy consciente de cómo el neoliberalismo dejó una huella nefasta, ningún país escapó a esa influencia y en estos momentos, las consecuencias son todavía impredecibles, pero se nos viene un tiempo muy difícil. Al mismo tiempo, está siempre la idea de que el mundo puede cambiar de un modo que muchos no se lo esperan.

3- Tu hermano Luis, como sabes, vivió aquí, donde fue diplomático (Consejero Cultural de Ecuador) y publicó por Casa de las Américas otra edición de su novela histórica homónima sobre la compañera de luchas de Bolívar, Manuelita Sáenz. Él por supuesto, conoció bastante a nuestro país, pues viajamos a varias provincias, en las que realizamos presentaciones de su famosa novela Manuela y lecturas de poemas, etc. También sabes que él quedó fascinado por nuestro país. En tu caso, ¿qué te impresionó más de tu viaje a Cuba?

Yo he querido ir a Cuba desde hace mucho tiempo. La admiración que muchos latinoamericanos teníamos por la revolución cubana tuvo siempre un lugar en mi conciencia, así como tantos hechos históricos posteriores que vivieron los países latinoamericanos. Sobre todo me impresionó siempre esa fuerza que el pueblo cubano ha tenido para resistir los embates de la potencia agresora a pesar de su cercanía y por el liderazgo de Fidel Castro, ese gran conductor, como te decía, el mayor héroe viviente que tenemos en la actualidad los latinoamericanos. Antes, no tuve oportunidad de ir a Cuba, por falta de dinero y por muchas circunstancias de la vida. Pero ahora que estuve allí, traté de sentir esa historia cercana aún, del proceso revolucionario, de respirar el encanto que posee La Habana, la maravilla de ese mar y la simpatía de su gente. Fue una impresión que la guardaré siempre. Es una pena que no haya podido compartir mucho más con las personas que conocí, con ustedes, y con la gente de todos esos auténticos barrios de La Habana, ojalá pueda en algún momento volver, ya no como una turista, sino para compartir otras experiencias más humanas y sensibles.

4-Es muy hermosa tu biografía novelada sobre el libertador Antonio José de Sucre, ¿Qué te llevó a incursionar en la historia de tu país, y en esta notable figura de la misma?

Cuando trabajaba en el Centro Cultural Metropolitano de la ciudad de Quito, encontré un gran volumen de cartas de Antonio José de Sucre, me dediqué a leerlas, y pude acercarme a esos momentos dramáticos que vivieron nuestros pueblos durante las guerras de independencia hace doscientos años y algo. Las cartas son documentos tan personales, que casi sentía respirar al autor de esas misivas, y veía de cerca todas las preocupaciones y obsesiones que aquel personaje tenía para llevar a cabo su lucha por la libertad de estos pueblos. Sucre fue la mano derecha de Bolívar, el Libertador confiaba tanto en él que le encargó el mando de las guerras más importantes en el Ecuador, Perú y en el Alto Perú, actualmente Bolivia. Sucre fue nombrado general, muy joven, a los 25 o 26 años. El libro recoge los episodios vividos por Sucre desde su entrada en el territorio del Ecuador con la intención de formar el gran ejército del Sur, narra todas las vicisitudes sufridas hasta sellar, con la batalla de Ayacucho, la independencia del continente americano. Fue un reto difícil encarar esta biografía novelada que tiene más de historia que de ficción. Traté de darle un tratamiento más ameno para que no sea como leer una biografía seca y llena de datos y fechas. No sé si cumple con ese objetivo pero dicen que se la lee rápido. Por acá se está escribiendo bastante sobre personajes históricos nacionales. Mi hermano Luis ha tenido mucho éxito con su Manuela, es un personaje que seduce y ha sido recreado en forma acertada y talentosa por Luis.

6-De verdad que fueron, aunque breves, lindos momentos en la Habana contigo. Gracias otra vez, querida amiga.

Gracias a ti y a Mayra por acompañarme en La Habana y por llevarme a conocer a las compañeras de las revistas: Mujeres y Muchacha y a Casa de las Américas. Faltó tiempo, todo fue rápido pero como te decía, son recuerdos lindos que voy a guardarlos en la memoria con mucho afecto.

martes, 10 de agosto de 2010

SOBRE EL CUENTO ECUATORIANO


Hay una constante en los autores reconocidos y no reconocidos de la escritura contemporánea de los ecuatorianos, digna de estudio. Cosa que en mi caso no voy a hacerlo en profundidad porque, la verdad, no soy crítica literaria, hay personas especialistas en este asunto; yo únicamente me limito a realizar comentarios desde mi propia visión y por las sensaciones que me dejan las lecturas, así que es algo aventurado lo que digo, una audacia que me permito en este blog con las debidas disculpas. Igual supongo que es válido expresar como lectores sobre las impresiones que nos dejan las lecturas, creo que siempre se puede aportar a las reflexiones que sobre nuestra literatura, se diga o se escriba.
Desde esta perspectiva, transcribo esta vez, un cuento de Francisco Proaño Arandi, quien por la temática de su obra, entra en ese recinto oscuro al cual me había referido en anteriores ocasiones, inevitablemente se lo relaciona con la cuentística de Palacio, de Dávila Andrade y más cercanos en el tiempo, con Javier Vásconez, Eliécer Cárdenas, cuyos temas se mueven en ámbitos urbanos más o menos sórdidos.
Necesito leer varios textos de los nuevos escritores para tener una idea más completa de lo que se está escribiendo ahora en el Ecuador: confío en que dichos autores irán apareciendo entre las nuevas generaciones que obligatoriamente se darán a conocer, si están empecinados, no obstante el riesgo que representa, en la opción de la escritura literaria. Por el momento doy mis impresiones sobre escritores que conozco más, y luego, ando en ese empeño de leer a los ecuatorianos actuales, cosa que se pone algo difícil por tener dificultad en conseguir libros de cuentos. De todos modos, si cae en mis manos un buen cuento corto lo pondré en el blog, ténganlo por seguro.
Cuentistas no muy conocidos y de algún modo todavía marginales como William Castillo y algunos otros que tanto en la Sierra como en la Costa tienen en común aunque con diferentes miradas, claro, ese transitar por una ciudad sucia por dentro y por fuera, me llevó a pensar, si me lo permiten, en un realismo sucio ecuatoriano, quizás más restringido a un ambiente asfixiante de ciudad serrana comprimida entre montañas, y desarrollando un urbanismo neurótico y depredador, donde se presiente la violencia y opresión, que, una sociedad como la nuestra, ha ido sepultando bajo la costra de siglos, y presenta en su lugar una máscara.

Cuando uno lee a nuestros autores hay algo que duele y despierta rechazo, es lo mismo que puede pasar cuando un individuo confronta a sus fantasmas en una sesión de terapia freudiana. La literatura vista como obra de arte, y no otra cosa, el cuento que guarda una revelación entre líneas, la novela que trasciende, puede salvar, no a su autor sino más bien al lector y a la sociedad que representa, permite que la obra literaria sea un espejo donde podamos mirarnos todos y reconocer nuestros pecados, -para usar un término que nos recuerda ciertos sombríos antecedentes conventuales-, tal vez es la forma de exorcismo que nos permitirá ascender como especie humana desde el submundo de la conciencia colectiva.

FRANCISCO PROAÑO ARANDI
Nació en Cuenca y vivió en Quito desde sus primeros años. Participó en el movimiento Tzánzico de los años 60.
Ha publicado:
Cuentos:
Historias de disecadores (1972), Oposición a la magia (1986), La doblez (1986), Cuentos, antología personal, (1994), Historias del país fingido (2003).
Novelas:
Antiguas caras en el espejo (1984), Del otro lado de las cosas (1993), La razón y el presagio (2003)

IDENTIDAD DE LA PARCA

En siglos anteriores era fácil discernir la identidad de La Parca. Bastaba con aludir a ella según los usuales atributos: esquelética, descarnada, reconocible gracias a la inconfundible calavera que hacía de rostro, armada de la implacable hoz, cabalgando aterradores caballos o parada nada más en el horizonte, esperando paciente que a cada cual le llegara su momento para asestar el irreversible golpe. Era, por decirlo de algún modo, un personaje familiar; latente, distante, pero siempre identificable.
Hoy, eso ya no es posible. La masificación de la sociedad, el desarrollo de grandes conglomerados urbanos, el anonimato que rige la vida en la ciudad, la extrema individualización, el escepticismo, el vértigo cotidiano, han incidido en la desaparición de la Parca como arquetipo, como personaje mítico, como demonio familiar, como entidad simplemente reconocible. Y, sin embargo, sigue actuando, soterrada, invisible, eficaz, inclemente. ¿Cómo entonces identificarla?
Nadie lo sabe y, no obstante, la respuesta se encuentra allí mismo, en el rostro de cada uno. La Parca se ha mimetizado, se ha masificado y ya no necesita de la ridícula utilería del pasado. Ahora, todos podemos ser La Parca para cualquiera de nosotros, o para cualquier otra persona, cualquier transeúnte desprevenido y desconocido.
Suele ocurrir, con frecuencia. Puede ser que decidas visitar a los tiempos a un viejo amigo y esa misma tarde, luego de tu inesperada visita, el amigo de marras muera repentinamente. Puede suceder que de pronto, en la calle, te cruces con algún conocido, o con algún desconocido, lo saludes incluso, o intercambies unas breves frases de compromiso, e igual al final del día o una o dos fechas después, el conocido con quien conversaste o el desconocido cuyo camino se cruzo con el tuyo muera a su vez inexplicablemente.
Lo único que nos queda es esperar. Pero quién de entre todos ustedes con quien a diario trabajo, me cruzo en la calle, converso, compito, hago el amor, comparto mil encontradas pasiones, será un día, mañana u hoy mismo mi Parca? ¿De quién a mi vez, seré, habré sido ya, la Parca, la mensajera maldita e inapelable?
Vuelves los ojos hacia tus amistades, tus familiares, tu cónyuge, y no alcanzas a identificarla. Y sabes, sin embargo, tienes la certidumbre, que está allí, en alguna parte, enmascarada entre tantos rostros, invisible, pronta a dar, para ti y solamente para ti, el zarpazo final.
(De historias del país fingido 2003)

jueves, 5 de agosto de 2010

CUENTO

Máquina del tiempo, es un cuento que tiene relación con lo dicho en la entrada anterior, por eso lo pongo ahora en el blog. Lo escribí hace varios años, no sé si sea interesante en el aspecto literario pero tiene un valor afectivo en lo personal. Ya sacaré en las próximas entradas cuentos de autores más interesantes.


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MAQUINA DEL TIEMPO

( En memoria de F.Z.P)

Esa caja de madera sería ideal, dijo Rosa, abriéndose paso entre los cachivaches que su abuela había ido reuniendo en decenas de años. Ven acá, llamó a Julián, ayúdame que esto pesa, lo sacaremos afuera, allá hay espacio, será nuestra máquina del tiempo, nos servirá hasta que seamos mayores, nunca dejaremos de jugar, te juro y tú también tienes que prometerlo. A ver Julián, júramelo. Sí, bueno, espero que te acuerdes después, respondió. Sí, y tú también…
Rosa ve, algo borrosos, los montes salpicados por esporádicas manchas blancas; eran las pequeñas casitas surgiendo de alguno que otro punto, lejanas como su infancia. Ahora, la artritis no le deja caminar como ella quisiera. El año pasado todavía andaba bien, le cuesta un poco salir esa mañana a sembrar papas en la pequeña chacra; tiene que hacerlo, o en la próxima temporada de cosecha no habría nada para comer, esto es vivir la realidad presente, piensa. Una sensación que había creído esfumada en el pasado le llega de repente y sonríe por esa infantil ensoñación: no hay máquinas del tiempo que valgan, no existen, monologa en alta voz, aunque sí, reflexiona, las tenemos en la cabeza, hasta podemos mirar los detalles. Recuerdo por ejemplo, la ropa que estaba puesta ese día, cuando descubrí la máquina del tiempo con mi hermano. Era un vestidito de esos que me hacía la abuela, un vestidito de algodón a cuadros, café y rojo con botones dorados en el pecho. Tenía siete años, peinaba dos trenzas y las piernas largas me hacían más alta que las niñas de mi edad; daba zancadas para atravesar los cajones y tablas arrumadas entre el polvo y las telas de araña.
Mi hermano de cinco años, de ojos grandes y perplejos, me seguía a todas partes. Nos gustaba tanto introducirnos en esos recovecos, siempre imaginaba que habría un pasadizo secreto para escapar juntos. Y escapamos muchas veces, creo que él no volvió, ahora está en un sanatorio; se quedó en ese corredor sin final con sus grandes ojos desolados.
Y yo, ahora empeñada en sembrar patatas; la lluvia amenaza y debo apurarme, pongo en cada surco la semilla y la entierro con el pie, lo aprendí de uno de los niños de los alrededores. Los dos vecinos hacen lo mismo en la otra sementera, me señalan las nubes negras que se acercan rápidamente, es tal su densidad y la obscuridad que traen, eso me hace temer que se trate de las nubes de ceniza del volcán en erupción no muy lejano. Pero no, es lluvia, es la tempestad que se desatará en pocos minutos. Debo correr a mi choza: cuatro paredes rectangulares de adobe que me protegen, hay una especie de cobertizo afuera y una hamaca pende de los postes de madera. Cuando llueve oigo su repiquetear sobre el zinc del techo, es como oír las notas complicadas de un instrumento musical. Muchas veces escucho ese interminable concierto al acostarme por las noches, y lo sigo escuchando hasta quedar dormida.
En la mañana voy a recoger agua del estanque cercano y converso con los vecinos. Me ocupo también haciendo actividades creativas con los niños del sector que a veces vienen de lejos; a cambio, los padres me traen generosamente verduras de su chacra, alguna vez una gallinita ponedora o el pan recién horneado. Yo también tengo un pequeño horno de pan y me gusta hacerlo; el pan de maíz o de trigo lo comparto con los niños, qué bueno sale, le pongo huevos y un poco de mantequilla.
El tiempo que estoy con los chicos transcurre alegre en la mañana, dos o tres horas: lo suficiente para enseñarles a leer, para que dibujen y hagan figuras y casitas con ramas y piedras que encuentran a su alrededor, después nos ponemos a escuchar el sonido del viento agitando las hojas y ramas de los árboles, el trinar de las aves, el sonido de nuestra voz y a veces también la música del viejo tocadiscos; ellos dramatizan sus cuentos o los míos. A veces cocinamos algo y comen felices sobre la hierba; otras, me ayudan a plantar y les ponen nombres a las plantas que cada uno siembra y todos los días se aseguran de su crecimiento.
Hoy los niños han venido temprano al taller, nos ponemos a trabajar como de costumbre y se me ocurre que los cartones y periódicos que han traído servirían para fabricar una máquina del tiempo como en la remota infancia. No recuerdo la forma exacta que le habíamos dado con mi hermano, pero sí la sensación acelerada de la emoción al vernos dentro de la máquina, y el viaje sin fin que se suponía realizaríamos al introducirnos en ella con mucha dificultad, y quedar todo apretujados esperando que algo sucediera, y sucedía en nuestras cabezas, lo íbamos interpretando mientras hablábamos quedamente y hacíamos ruidos con la boca.
De modo que el entusiasmo colectivo de los niños al mencionarles la máquina del tiempo es inmediato, y pasan a la acción sin esperar más palabras, parece que saben lo que hacen y yo colaboro con ellos, espero las pautas que me van dando y pongo atención a la forma concreta que irá tomando hasta darle la consistencia de una máquina del tiempo, claro.
Después de mucho ir y venir de cartones, papeles y goma, nuestra máquina, hecha para que entraran todos los niños en ella, adquiere una forma: un poliedro irregular y extraño que además lo pintan con colores vivos en contraste con otros oscuros, igual que un caleidoscopio. La alegría de los niños y su interés van en aumento, así como su deseo de introducirse en el aparato que parece hecho para que todo el grupo calzara como en un zapato. Uno a uno se van introduciendo y finalmente cierran la tapa y yo me quedo afuera, contemplando cómo el aparato se va hinchando y finalmente, con el zumbido de mil avispas, rueda unos dos metros por el terreno en ligera pendiente y al caer en una pequeña zanja se revienta como un huevo; de allí salen corriendo los niños y vienen sudorosos a contarme la experiencia, alguno que otro contuso se agarra la cabeza o el brazo que se ha golpeado en el volcamiento, pero no hay nada de qué preocuparse. Están contentos y su imaginación da paso a las más fantásticas historias; no se van a olvidar de esto, pienso, y vuelvo a mi faena del mediodía. Después, los niños se alejan riendo y parloteando hasta perderse por el caminito de tierra.
La noche es clara y llena de estrellas, me quedo sentada en el cobertizo, contemplando el resplandor del cielo nocturno, tan despejado que puedo distinguir las constelaciones. De pronto surge un lucero que va creciendo y desplazándose hasta quedar sobre mi cabeza, enfocándome con su luz. Caramba, digo con algo de temor, pero también siento una gran curiosidad. Recuerdo, en ese instante, la película que había visto algunas vez hace mucho tiempo: “Matadero 5”, basada en la novela de ese escritor, ¿cómo es?..., un loco simpático medio alucinado ese Vonnegut. Recuerdo también cuando el ovni se llevaba al personaje junto a su perro, y ahora esto, qué es aquello, ¿viene a llevarme?, ¿es la máquina del tiempo que funciona tardíamente?, me pregunto azorada. Quisiera correr a la casa, pero me quedo quieta. Ya antes me parecía haber visto cosas parecidas, aunque de lejos, pero esta vez está sobre mí. La luz es cada vez más amplia y de pronto entro en estado de somnolencia, hubo más sensaciones, imágenes que no recuerdo.
Despierto al otro día en mi cama, la mañana es fresca, voy a recoger un poco de agua para hervirla y hacer una mazamorra con avena y panela, falta ponerle un poco de leche, no está tan mal, digo mirando el horizonte soleado del campo. Espero ver aparecer a los niños por el estrecho caminito de tierra. No siento nostalgia, no hay recuerdos tristes ni de exagerada alegría, me siento bien, el presente es la mejor condición, pienso, mientras mastico un pedazo de pan.

Yvonne Zúñiga

martes, 3 de agosto de 2010

REINVENTAR UNA SOCIEDAD

Cuando veo en las noticias de la tv., un montón de personas durmiendo en las calles bajo la lluvia para matricular a sus hijos a cualquier costo, es decir, jugándose la vida en esa lucha para que los niños y jóvenes puedan finalmente alcanzar la sabiduría en aquellos templos del conocimiento que supuestamente son las escuelas y colegios, me pregunto, ¿qué significa esa escena patética y sin sentido?
¿Para qué tanto escándalo? ¿Vale la pena? Repito. Y el ministerio en pánico sin saber cómo resolver semejante avalancha. Pensando en una solución práctica e inmediata, les doy una pequeña ayuda algo imaginativa y pragmática ante semejante realidad. Si ya estaban inscritos a través del Internet una buena mayoría de estudiantes, por qué al resto que estaba sin matrícula, no les concedían la posibilidad del estudio a distancia, cosa que creo sí existe, dentro de las posibilidades que da el estado, para que la instrucción-educación, esté al alcance de todos.
De todos modos si en el presente la imaginación estuviera en el poder, como se aspiraba en el mayo 68 francés, todas aquelllas situaciones penosas habrían desaparecido hace mucho.
Así que me arriesgo a poner un poco de imaginación, si me lo permiten, y a reinventar la educación que sería la base para también reinventar un país.
Y recordando a los héroes del dos de agosto y a tantos héroes de revoluciones y de guerras en el mundo, nos preguntamos si tanta sangre, que ha corrido en la historia de esta humanidad, ha logrado concretar las aspiraciones de Libertad, Igualdad y Fraternidad, si tantas luchas con diferentes estilos filosofías y métodos, han logrado esas transformaciones realmente.

En esos mismos templos de la educación, que son tan numerosos y con innumerables espacios fríos y vacíos, se podría crear un nuevo sistema educativo para albergar a niños y jóvenes que en la actualidad andan sin saber para dónde orientar sus vidas, pues lo que se les ofrece no despierta su curiosidad, ni su imaginación, ni sus necesidades afectivas. Por eso están volcados al Internet, a los juegos que la pantalla les da para aturdirse y en general a las ilusiones peligrosas que la sociedad actual les posibilita para evadirse y penetrar en el círculo de la violencia. Porque en el actual estado de cosas, se educa para la violencia, para destruir y autodestruirse.
Si se escribiera un libro sobre las experiencias escolares de niños, jóvenes y maestros, encontraríamos tanta arbitrariedad y sufrimiento, sería un libro doloroso que nos avergonzaría como seres humanos.
Y como una contribución a recuperar esos ideales de libertad, igualdad y fraternidad, y justamente para no caer en el trágico pesimismo, les propongo una pequeña salida imaginativa que tal vez a los jóvenes que se quedaron sin matrícula sí les va a gustar. No sé a los padres, porque ellos están convencidos y creen ciegamente, que la matrícula es el pasaje al paraíso y a una vida futura de riqueza y bienestar.
¿Por qué no?, pensar en borrar todo ese andamiaje instructivo-educativo absurdo y represivo, y comenzar creando talleres de creatividad, donde se ponga énfasis en los principios humanistas y de solidaridad, y que estos sean la base para multiplicar talleres de teatro, talleres de pintura, de lectura, de artesanías, de expresión corporal, de danza, de atletismo, agricultura, matemáticas, biología, física, etc. Donde cada persona siga sus intuiciones y su vocación. Multiplicar las bibliotecas, videotecas, musicotecas. Todo esto sin necesidad de exámenes represores, pues estos sólo contribuyen a humillar y bajar la autoestima de los jóvenes y niños. El sistema de evaluación lo debería realizar cada individuo para saber su avance en los conocimientos que por iniciativa propia desee alcanzar sin presiones de otros. Por qué no pensar en crear una humanidad más feliz y detener los métodos que restringen las capacidades naturales y seguramente más nobles. Creer que sólo el autoritarismo y la represión logran domar o domesticar a los seres humanos, y esto, pensando sólo en el otro, porque quienes imparten estos conceptos, finalmente, de opresión, seguramente no aceptarían tales humillaciones, y nunca permitirían ser atropellados o sometidos a la voluntad ajena. En el actual estado de cosas, la sociedad, en general, educa para la violencia y la opresión. Las medidas que se toman desde los poderes, no importa de donde provengan, son siempre coercitivas, en lugar de pensar en despertar la conciencia de la gente para el razonamiento y la participación en las tareas colectivas.
¿Por qué no podemos pensar en una revolución cultural de esas dimensiones?????

miércoles, 21 de julio de 2010

El cuento...

Esta vez voy a poner un cuento de Clarice Lispector. Recuerdo que la primera vez que descubrí a esta escritora brasileña, fue al leer un texto suyo en la revista “Puro cuento” Una publicación argentina excelente, dedicada únicamente a este género literario, la revista ya no sale más en Buenos Aires desde hace muchos años, lamentablemente. Era una publicación de bajo costo que se vendía en los kioscos de diarios y hacía su difusión, cuando no tenían recursos, poniendo avisos en las carteleras de las estaciones de trenes o en las paradas de autobús, como en el caso de las revistas comic underground. Publicaciones como ésta podrían hacerse en cualquier parte, con bajo costo para ponerlas al alcance de todos, y de ese modo, hacer que la gente se acostumbre a leer ficción y otros temas literarios.

Existen contadas revistas literarias publicadas en nuestro medio, alguna de distribución gratuita, alguna otra de bajo costo y que podría estar al alcance de cualquier lector, pero no se las conoce mucho tal vez porque su distribución es reducida, otras más caras y supongo que tienen su cupo de lectores en cada número, y sobreviven como pueden. No es fácil, lo sé, sobre todo en un medio donde la mayor parte de la población no ha sido formada para interesarse por temas literarios, o por el Arte en general. Vivimos una realidad hecha para leer sobre fútbol, crónica roja y escándalos políticos o politiqueros, como quieran llamarlos. Y en el caso de los medios televisivos, habría que analizar uno a uno esos programas para ver cuál merecería la pena ver, y como dichos medios no quieren perder su raiting, -¿así se dice?- deben pensar que la gente no merece más que esos tristes y malos programas que ponen en la tele, para que pasen el rato entretenidos, distraídos, alienados, aturdidos, embrutecidos.

Sé que el lugar común cuando se habla de ciertos temas, es ser tachado de amargado o resentido. Pero no importa en realidad, hay que perder el miedo al “qué dirán” para ir más allá de lo tibio y superficial, y no quedarse en lo “bonito”, ligero, o new age. Todavía nos manejamos con bastantes prejuicios y por esa razón ponemos una muralla de calificativos para no profundizar en lo que somos, para no reconocernos, para no mirarnos en un espejo, en fin, para tapar la boca a los otros (hay muchas formas de censura). El Arte debe reflejar el espectro que ocultamos colectivamente y que en la realidad está omnipresente y disfrazado.
Según C.G.Jung…”la psique humana tiene la capacidad de producir imágenes arquetípicas inmemoriales, que lejos de desaparecer son heredadas por las generaciones sucesivas de hombres y mujeres. Estos arquetipos agrupados en el subconsciente colectivo, pueden aparecer en los sueños y en los mitos” Y del mismo modo pueden reaparecer en los argumentos, personajes, imágenes de las obras literarias: sean éstas, cuentos, novelas o poemas. La Literatura, en este caso, será siempre una suerte de palimpsesto a descifrar, y eso es lo que tiene de apasionante, el acto de leer, cuando tenemos en nuestras manos un buen cuento o una buena novela.
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Volviendo a Clarice Lispector. Es una narradora que se considera a sí misma hermética y oscura; ha sido comparada con Virginia Woolf y James Joyce por la técnica del flujo de conciencia que emplea en su escritura. Ella misma es un personaje lleno de enigmas, pues ha recibido diversas influencias culturales. Su escritura rompe con muchos de los esquemas de la escritura moderna española o portuguesa, según sus críticos.
Publicó diez novelas. Entre ellas: Cerca del corazón salvaje, 1944. La manzana en la oscuridad 1961, La ciudad sitiada 1949. La pasión según G.H. 1964. El libro de los placeres. Entre otras. Y dos libros de cuentos. Clarice Lispector nació en 1921 en Ukrania y murió en 1977 en Río de Janeiro.

El cuento que a continuación transcribo es, La cena, una pequeña obra maestra.

LA CENA
Por Clarice Lispector

Él entró tarde en el restaurante. Por cierto, hasta entonces se había ocupado de grandes negocios. Podría tener unos sesenta años, era alto, corpulento, de cabellos blancos, cejas espesas y manos potentes. En un dedo el anillo de su fuerza. Se sentó amplio y sólido.

Lo perdí de vista y mientras comía observé de nuevo a la mujer delgada, la del sombrero, ella reía con la boca llena y le brillaban los ojos oscuros.
En el momento en que yo llevaba el tenedor a la boca, lo miré. Ahí estaba, con los ojos cerrados masticando pan con vigor, mecánicamente, los dos puños cerrados sobre la mesa. Continué comiendo y mirando. El camarero disponía platos sobre el mantel, pero el viejo mantenía los ojos cerrados. A un gesto más vivo del camarero, él los abrió tan bruscamente que ese mismo movimiento se comunicó a las grandes manos y un tenedor cayó. El camarero susurró palabras amables, inclinándose para recogerlo; él no respondió. Porque, ahora despierto, sorpresivamente daba vueltas a la carne de un lado para otro, la examinaba con vehemencia, mostrando la punta de la lengua –palpaba el bistec con un costado del tenedor, casi lo olía, moviendo la boca de antemano. Y comenzaba a cortarlo con un movimiento inútilmente vigoroso de todo el cuerpo. En breve llevaba un trozo a cierta altura del rostro y, como si tuviera que cogerlo en el aire, lo cobró en un impulso de la cabeza. Miré mi plato. Cuando lo observé de nuevo, él estaba en plena gloria de la comida, masticando con la boca abierta, pasando la lengua por los dientes, con la mirada fija en la luz del techo. Yo iba a cortar la carne nuevamente, cuando lo vi detenerse por completo.
Y exactamente como si no soportara más -¿qué cosa?- cogió rápido la servilleta y se apretó las órbitas de los ojos con las dos manos peludas. Me detuve, en guardia. Su cuerpo respiraba con dificultad, crecía. Retira finalmente la servilleta de los ojos y observa atontado desde muy lejos. Respira abriendo y cerrando desmesuradamente los párpados, se limpia los ojos con cuidado y mastica lentamente el resto de comida que todavía tiene en la boca.
-Este no es el vino que pedí.
La voz que esperaba de él: voz sin posibles réplicas, por lo que yo veía que jamás se podría hacer algo por él, sin obedecerlo.
El camarero se alejó, cortés, con la botella en la mano.
Pero he ahí que el viejo se inmoviliza de nuevo como si tuviera el pecho contraído y enfermo. Su violento vigor se sacude preso. Él espera. Hasta que el hambre parece asaltarlo y comienza a masticar con apetito, las cejas fruncidas. Yo sí comencé a comer lentamente, un poco asqueado sin saber por qué, participando también no sabía de qué. De pronto se estremece, llevándose la servilleta a los ojos y apretándolos con una brutalidad que me extasía…
Abandono con cierta decisión el tenedor en el plato, con un ahogo insoportable en la garganta, furioso, lleno de sumisión. Pero el viejo se demora poco con la servilleta sobre los ojos. Esta vez, cuando la retira sin prisa, las pupilas están extremadamente dulces y cansadas, y antes de que él se las enjugara, vi. Vi la lágrima.
Me inclino sobre la carne, perdido. Cuando finalmente consigo encararlo desde el fondo de mi rostro pálido, veo que también él se ha inclinado con los codos apoyados sobre la mesa, la cabeza entre las manos. Realmente él ya no soportaba más. Las gruesas cejas estaban juntas. La comida debía haberse detenido un poco más debajo de la garganta bajo la dureza de la emoción, pues cuando él estuvo en condiciones de continuar hizo un terrible gesto de esfuerzo para engullir y se pasó la servilleta por la frente. Yo no podía más, la carne en mi plato estaba cruda y yo era quien no podía continuar más. Sin embargo él comía.
El camarero trajo la botella dentro de una vasija de hielo. Yo observaba todo, ya sin discriminar: la botella era otra, el camarero de chaqueta, la luz aureolaba la cabeza gruesa de Plutón que ahora se movía con curiosidad, goloso y atento. Por un momento el camarero me tapa la visión del viejo y apenas veo las alas negras de una chaqueta sobrevolando la mesa, vertía vino tinto en la copa y aguardaba con los ojos ardientes
-porque ahí estaba seguramente un señor de buenas propinas, uno de esos viejos que todavía están en el centro del mundo y de la fuerza-. El viejo engrandecido, tomó un trago, con seguridad, dejó la copa y consultó con amargura el sabor de la boca. Restregaba un labio con otro, restallaba la lengua con disgusto como si lo que era bueno fuera intolerable. Yo esperaba, el camarero esperaba, ambos nos inclinábamos en suspenso. Finalmente, él hizo una mueca de aprobación. El camarero curvó la cabeza reluciente con sometimiento y gratitud, salió inclinado, y yo respiré con alivio. Ahora él mezclaba la carne y los tragos de vino en la boca, y los dientes postizos masticaban pesadamente mientras yo espiaba en vano. Nada más sucedía. El restaurante parecía centellear con doble fuerza bajo el titilar de los cristales y cubiertos; en la dura corona brillante de la sala, los murmullos crecían y se apaciguaban en una dulce ola, la mujer del sombrero grande sonreía con los ojos entrecerrados, tan delgada y hermosa, el camarero servía con lentitud el vino en el vaso. Pero ese momento él hizo un gesto.
Con la mano pesada y peluda, en cuya palma las líneas se clavaban con fatalismo, hizo el gesto de un pensamiento.
Dijo con mímica lo más que pudo, y yo, yo sin comprender. Y como si no soportara más, dejó el tenedor en el plato. Esta vez fuiste bien agarrado, viejo. Quedó respirando, agotado, ruidoso. Mis ojos arden y la claridad es alta, persistente. Estoy prisionero del éxtasis, palpitante de náusea. Todo me parece grande y peligroso. La mujer delgada, cada vez más bella, se estremece seria entre las luces.
Él ha terminado. Su rostro se vacía de expresión. Cierra los ojos, distiende los maxilares, trato de aprovechar ese momento en que él ya no posee su propio rostro, para finalmente ver. Pero es inútil. La gran forma que veo es desconocida, majestuosa, cruel y ciega. Lo que yo quiero mirar directamente, por la fuerza extraordinaria del anciano en ese momento no existe. Él no quiere.
Llega el postre, una crema fundida, y yo me sorprendo por la decadencia de la elección. El come lentamente, toma una cucharada y observa correr el líquido pastoso. Lo toma todo, sin embargo hace una mueca y, agrandado, alimentado, aleja el plato. Entonces ya sin hambre, el gran caballo apoya la cabeza en la mano. La primera señal más clara, aparece. El viejo devorador de criaturas piensa en sus profundidades. Pálido, lo veo llevarse la servilleta a la boca. Imagino escuchar un sollozo.
Ambos permanecen en silencio en el centro del salón. Quizás él hubiera comido demasiado deprisa. ¡Porque, a pesar de todo, no perdiste el hambre, eh! Lo instigaba yo con ironía, cólera y agotamiento. Pero él se desmoronaba a ojos vista. Ahora los rasgos parecían caídos y dementes, él balanceaba la cabeza de un lado para otro, sin contenerse más, con la boca apretada, los ojos cerrados, balanceándose, el patriarca estaba llorando por dentro. La ira me asfixiaba. Lo vi ponerse los anteojos y envejecer muchos años. Mientras contaba el cambio, hacía sonar los dientes, proyectando el mentón hacia delante, entregándose un instante a la dulzura de la vejez. Yo mismo, tan atento había estado a él que no lo había visto sacar el dinero para pagar, ni examinar la cuenta, y no había notado el regreso del camarero con el cambio.
Por fin se quitó los anteojos, castañeteó los dientes, se enjugó los ojos haciendo muecas inútiles y penosas. Pasó las manos por los cabellos blancos alisándolos con fuerza. Se levantó asegurándose al borde de la mesa con las manos vigorosas. Y he aquí que, después de liberado de un apoyo, él parecía más débil, aunque todavía era enorme y todavía capaz de apuñalar a cualquiera de nosotros. Sin que yo pudiera hacer nada, se puso el sombrero acariciando la corbata en el espejo. Cruzó el ángulo luminoso del salón, desapareció.
Pero yo todavía soy un hombre.
Cuando me traicionaron o me asesinaron, cuando alguien se fue para siempre, cuando perdí lo mejor que me quedaba, o cuando supe que iba a morir. –Yo no como. No soy todavía esa potencia, esta construcción, esta ruina. Empujo el plato, rechazo la carne y su sangre.
………………

jueves, 8 de julio de 2010

EL CUENTO CORTO


El cuento corto es un género especialmente practicado por algunos cuentistas norteamericanos y también por escritores latinoamericanos.
Voy a poner en este blog, algunos cuentos cortos de diversos autores. Quiero incluir también autores ecuatorianos, para romper con esa costumbre mezquina y local de considerar malo todo lo que escriben nuestros coterráneos. Debe ser una de las razones por las cuales no se conoce fuera del Ecuador lo que se escribe actualmente en nuestro país. Salvo las generaciones del treinta y del cuarenta, de escritores ecuatorianos valiosos, gracias a esa labor generosa de Benjamín Carrión, que ayudó a difundir nuestra literatura y nuestra plástica por el continente. Simplemente en mi blog, publico lo que quiero. Por suerte tengo este único medio para difundir lo mío y lo de otros escritores también, dando preferencia a la ficción, claro.
Espero no me manden a la hoguera por lo que digo, pero yo si creo que mientras más se publique sobre la literatura de un país, mientras más investigación y difusión se haga de lo que se está escribiendo, se puede encontrar y descubrir a los buenos escritores, aquellos que reflejen en su obra las esencias culturales, nuestro lado luminoso y sobre todo, el lado oscuro de una sociedad como la nuestra, que oculta, como decía un amigo, algún secreto incestuoso, algún cadáver bajo el piso. Develar esas culpas, esos complejos sociales, es tarea de los artistas y de los intelectuales.
En el caso del Ecuador, necesitamos espacios en los medios para la crítica literaria. Necesitamos gente especializada en el análisis de la literatura desde diferentes enfoques, creo que existen investigadores y críticos pero faltan los espacios de comunicación. Antes había suplementos literarios en la prensa, ahora se dedica una página o alguna que otra columna, en alguno que otro diario, el fútbol lo llena todo, y las poquísimas revistas literarias que existen, no están al alcance del bolsillo de todos, están escondidas por ahí en algún estante de librería.
Así que voy a poner un grano de arena, y junto a los cuentos de autores extranjeros, buscaré lo más significativo de los cuentistas contemporáneos de nuestro país, para publicarlos en este blog.
Esta vez empezaré con un autor norteamericano, pues en estos momentos estoy dedicada a leer a los extraordinarios cuentistas norteamericanos, transgresores y críticos implacables de su medio, de la hipocresía social norteamericana en épocas pasadas, presentes y futuras.


CAMPAMENTO INDIO

Por Ernest Hemingway

Habían preparado otro bote en la orilla del lago y dos indios esperaban a su lado.
Nick y su padre se colocaron en la popa y los indios pusieron la embarcación en marcha. Uno de ellos remaba. Tío Jorge se sentó en la popa del bote del campamento. El indio joven lo alejó un poco de la orilla y después montó para remar.

Las dos embarcaciones empezaron a navegar en la oscuridad. Nick oyó el ruido de los remos del otro bote, más adelante, ya que la niebla le impedía verlo. Los nativos remaban con golpes rápidos y violentos. Nick estaba recostado, y su padre lo rodeaba con el brazo. Hacía frío en el lago. El indio remaba con todas sus fuerzas, pero el otro bote siempre le llevaba ventaja.
-¿A dónde vamos, papá? –preguntó Nick.
-Al campamento indio. Hay una señora muy enferma.
-¡Ah! –dijo Nick.
El bote de tío Jorge llegó antes a la otra orilla. Cuando ellos desembarcaron, ya estaba fumando un cigarro. La oscuridad era completa. El indio joven empujó el bote hacia la playa y tío Jorge les dio cigarros a los dos remeros.
Después atravesaron un prado empapado de rocío.
El joven indio iba delante con el farol. Pasaron por el monte y siguieron un sendero hasta el camino. Allí había más luz, pues el monte estaba cortado a ambos lados. El guía se detuvo y apagó el farol de un soplo. Finalmente, avanzaron todos por el ancho camino.
Doblaron una curva y apareció un perro ladrando. Más allá se veían las luces de las chozas de los leñadores indios. Unos cuantos perros más salieron al encuentro de los recién llegados. Más allá se veían las luces de las chozas de los leñadores indios. Unos cuantos perros más salieron al encuentro de los recién llegados. Los dos indios los hicieron regresar a las chozas. En la que estaba más cerca del camino había luz en la ventana, y en la puerta esperaba una anciana con el farol encendido.
Dentro, una india joven estaba tendida en una litera de madera. Durante dos días había tratado de dar a luz. Todas las ancianas del campamento la habían ayudado. Los hombres, por su parte, iban a fumar al camino, lejos de allí, por no oír los lamentos de la mujer. Cuando Nick y los dos indios entraron detrás de su padre y tío Jorge, estaba gritando. Estaba acostada en la estera inferior. Parecía enorme bajo la colcha. La litera superior la ocupaba su marido, que tres días antes se había cortado un pie con el hacha. Fumaba en pipa. La habitación olía que apestaba.
El padre de Nick ordenó que pusieran un poco de agua al fuego, y mientras se calentaba habló con el muchacho:
-Esta señora va a tener un hijo, Nick.
-Ya lo sé.
-No, no lo sabes- prosiguió su padre-. Escúchame. Está sufriendo los llamados dolores del parto. La criatura quiere nacer y ella quiere que nazca. Todos sus músculos están tratando de que salga la criatura. Eso es lo que ocurre cuando grita.
-Comprendo –asintió Nick.
En ese instante, la mujer lanzó un grito.
-¡Oh! ¿Y no puedes darle algo para calmarla, papá?
-No. No tengo ningún anestésico. Pero sus gritos no tienen ninguna importancia. No los oigo, porque no tienen importancia.
En la litera superior, el marido se volvió hacia la pared.
La mujer que vigilaba el agua indicó al médico que ya estaba caliente. El padre de Nick fue a la cocina y echó la mitad del líquido de la enorme olla en una palangana. Después sumergió en el agua que quedaba en la olla varias cosas que llevaba envueltas en un pañuelo.
-Esto tiene que hervir –dijo mientras empezaba a lavarse las manos en la palangana con el trozo de jabón que había traído del campamento.
Nick observó atentamente el cuidado con que su padre se frotaba las manos. En aquel momento volvió a dirigirle la palabra:
-Como verás, Nick, primero tiene que salir la cabeza de la criatura, aunque a veces no ocurre así. Entonces se producen muchos inconvenientes para todos. Quizás tengamos que operar a esta mujer. Dentro de un ratito lo sabremos.
Una vez terminado el minucioso lavado, se dispuso a trabajar:
-¿Quieres retirar esa colcha, Jorge? Prefiero no tocarla, ahora que tengo las manos limpias.
Luego, cuando empezó a operar, Tío Jorge y tres indios sujetaron a la mujer, que en una ocasión mordió a Tío Jorge en el brazo, haciéndole exclamar:
-¡Perra india de porquería!
Y el indio que había remado en su bote lanzó una carcajada. Nick sostenía la palangana al lado de su padre, que tardaba mucho. Finalmente, sacó la criatura, le dio una palmada para hacerla respirar y la entregó a la anciana.
-Mira, es un niño, Nick. ¿Qué opinas como practicante?
-Que está muy bien –dijo Nick, mirando hacia otro lado para no ver lo que hacía el padre.
-Así. Eso es –dijo éste poniendo algo en la palangana.
Nick apartó la mirada de nuevo.
-Ahora hacen falta varias puntadas. Haz lo que te parezca, Nick. Si quieres mirar, mira, y si no, no. Voy a coser la incisión anterior.
Nick no contempló la operación. Había perdido toda curiosidad…
Su padre terminó, incorporándose. Tío Jorge y los tres indios también se pusieron de pie, Nick llevó la palangana a la cocina.
Tío Jorge se miró el brazo, y el indio joven sonrió al recordar la escena del mordisco.
-Te pondré un poco de peróxido, Jorge –le dijo el médico.
Luego se inclinó sobre la mujer, que estaba muy pálida y quieta y con los ojos cerrados.
Había perdido el sentido.
-Volveré por la mañana –explicó el doctor, poniéndose de pie -. La enfermera de San Ignacio llegará aquí a mediodía con todo lo que necesitamos.
Estaba muy alegre y locuaz, igual que los jugadores de fútbol en los vestuarios después del partido.
-Esto es como para publicarlo en el boletín médico, Jorge –manifestó -.¡Imagínate! ¡Hacer una operación cesárea con una navaja y coser la herida con hilo de tripa! ¡Casi nada!
Tío Jorge estaba apoyado contra la pared. Seguía mirándose el brazo.
-¡Oh! No hay duda de que eres un gran hombre –afirmó.
-Ahora hay que echarle un vistazo al orgulloso padre. Generalmente, son los que más sufren en estas pequeñas tragedias. Aunque hay que reconocer que se portó bastante bien.
Pero al retirar la colcha que cubría la cabeza del indio, sacó la mano mojada. Entonces se subió al borde de la litera inferior y miró la otra con la ayuda del farol. El nativo yacía con la cara hacia la pared. Un tajo de oreja a oreja, le atravesaba el cuello. La sangre formaba un charco la parte del lecho hundida por el peso del cuerpo. La cabeza descansaba sobre el brazo izquierdo, y la navaja abierta estaba encima de las mantas.
-Haz salir a Nick, Jorge –dijo el doctor.
Pero no hubo necesidad de hacerlo, pues Nick, desde la puerta de la cocina, había visto la litera cuando su padre, farol en mano, echó hacia atrás la cabeza del indio.
Empezaba a clarear cuando regresaron al lago por el camino de los leñadores.
-Estoy arrepentidísimo de haberte traído, Nick -dijo su padre. Le había desaparecido la alegría que había sucedido a la operación-. Ha sido algo espantoso y poco conveniente para ti.
-¿Siempre sufren tanto las mujeres cuando dan a luz? –preguntó Nick.
-No, esto ha sido algo excepcional, muy excepcional.
-¿Y por qué se suicidó él, papá?
-No sé. No habrá podido aguantar lo que vio, supongo.
-¿Se suicidan muchos hombres en casos como este?
-No muchos, Nick.
-¿Y muchas mujeres?
-Es raro.
-¿No se suicidan nunca?
-¡Oh! Sí. A veces lo hacen.
-Papá…
-¿Qué?
-¿Adónde fue tío Jorge?
-Volverá enseguida.
-¿Se sufre mucho al morir, papá?
-No, creo que no, Nick. Depende…
-Luego se sentaron en el bote: Nick en la popa y su padre en el centro, remando. El sol ya se asomaba por las colinas. Un róbalo saltó y formó un círculo en el agua. Nick introdujo la mano en el agua, que estaba tibia a pesar del frío matinal.
En el lago, sentado en la popa del bote, en aquella hora temprana, mientras su padre remaba, Nick tuvo la completa seguridad de que nunca moriría…

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ERNEST HEMINGWAY: Nació en Oak Park, Illinois, en 1891. Conocido por sus novelas: Adiós a las armas, Por quien doblan las campanas, El viejo y el mar…Hemingway es más complejo y certero en sus cuentos, y sobre todo en el cuento corto. Observador agudo de los seres humanos, de sus acciones y de su entorno, Hemingway recrea sus tramas, extrae momentos cruciales e imágenes de la realidad vivida. Participó en las dos guerras mundiales y en la guerra civil española, como integrante de la cruz roja, soldado y corresponsal de guerra. Digno representante del realismo norteamericano, mientras vivía en París se unió a escritores que pertenecieron a la llamada generación perdida: Scott Fitzgerald, Ezra Pound, Gertrude Stein.Vivió en Cuba muchos años, antes y después de la revolución. Se suicidó en 1961, mientras vivía en los Estados Unidos. Obtuvo el premio Nobel en 1954.

viernes, 18 de junio de 2010

José Saramago se ha ido

A los 87 años fallece el escritor portugués afincado en España. Mucho habrá que comentar sobre su obra y su postura como pensador del tiempo que le tocó vivir.
Aunque he leído sólo tres libros de su vasta obra, quedo en deuda con este escritor, una inmensa figura de las letras en el anterior y en el nuevo siglo.
El autor de: Memorial del Convento, El cerco de Lisboa, El hombre duplicado y sus ensayos sobre la ceguera y sobre la lucidez..., ha tomado el camino del "no regreso", nuestro homenaje a la memoria de José Saramago.

viernes, 23 de abril de 2010

Dos comentarios críticos sobre la película El sol

A continuación les introduzco en la lectura de dos comentarios críticos sobre la película de animación, El sol, de Ayar Blasco, largo metraje con el cual participó tanto en el festival de Rotterdam como en el Bafici de Buenos Aires, y espero, de próxima presentación en algún festival de Quito.
En este caso por mi relación cercana con el director y autor de la película, no quiero dar mi opinión, prefiero que lo hagan estos dos jóvenes escritores y artistas argentinos que intervinieron en la construcción de la película: Mario González en el trabajo de animación y Rodrigo Terranova en la música que sirve de fondo a El sol.

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Comentario de Mario González
Hola.
Por mi parte, la película me pareció excelente la segunda vez que la vi, el jueves estaba cebado mirando detalles, buscando errores o corroborando que la animación esté bien (Ese día quedé muy satisfecho con la animación, pensé que iba a ser dura, pero me pareció que no, la música y las voces le dan toda la vida a la película. Pero ese día como que la trama la pasé por alto, encima estaba cebado porque estaba cansado de ver una y otra vez las escenas sueltas durante todos los años de laburo). Recién el sábado me senté, la vi distendido y me pareció muy buena. Después noté que hay un hecho que también tuvo que ver con cómo miré la película cada día (cosa que también mi novia notó), el tipo que habló antes de la película el sábado la vendió mejor que el que habló el jueves (o “distinto”, se podría decir, pero para mi fue mejor la del sábado). El jueves se presentó una película con malas palabras y escatología ( ? ) y el sábado se habló de una película apocalíptica, se habló de destrucción post-destrucción. Se vendió una película totalmente diferente, y comenzás a verla con otros ojos.Creo que ese es un error muy grande, el de mostrar una obra con un manual de instrucciones. ¡Es arte! No puedo aceptar que alguien pregunte “¿Qué quisiste decir con el final?” (Debería preguntarlo en el caso de que quiera compararlo con su propia interpretación, como quien va a las páginas finales de las revistas de crucigramas para ver si la respuesta que escribió está bien y no a ver cuál es la respuesta). Imaginate que un tipo le pregunte la simbología de Chihiro a Miyazaki en un festival, lo menos que harían es mirarlo con mala cara. Pienso en cualquier tipo de expresión artística con manual explicativo y el arte desaparece. Bajo ese pensamiento de que todo tiene que estar mecánicamente explicado se anula cualquier vanguardia artística y se encasilla de idiotez al movimiento surrealista y a la metáfora en general, y al arte propiamente dicho, que es metáfora, no teoría. (Conste acá que he visto películas que no me dijeron nada y las he criticado como apreciación personal, pero no convertí eso en un axioma, porque entre un gusto particular y una crítica real de si algo está bien o mal hecho con fundamentos hay una larga distancia. Hay miles de películas de las que podría pararme entre amigos a decir “¿Qué mierda es eso?”, incluyendo a David Lynch o los Hermanos Coen por tirar nombres “famosos”, pero nunca me puse a analizarlos demasiado y quizás no esté preparado, por lo cual no me atrevo a ser opinologo sobre eso, del mismo modo que me gustan autores como Artaud (por poner un ejemplo) y alguien viene y me dice que no le entiende nada, así yo no entienda nada de muchas cosas, no por eso tienen que estar mal.Calentarse por explicar todo detalladamente es renegar un poco del estilo de la película (es como pretender explicar al “Perro chiquitito” de chimiboga). Uno puede “aburrirse” en el final o enojarse porque bajó el humor, quizás porque va con expectativa chimiboguense de que todo el tiempo hay que hacer chistes y todo tiene que tener una lógica. Y ahí es donde uno tiene la obligación de elegir entre la “cultura de masas” y la “cultura de elite” (Es como Luis Almirante Brown de Capusotto). Estoy convencido de que la película es buena, en especial el final (y la obra de teatro que es excelente), y me enorgullezco de quienes la valoraron positivamente, entendiendo su delirio, recalcando al mimo y a las papas (en lugar de la puteada y el chiste fácil) y a los que la pidieron para festivales. Inclusive hubo veces que en ciertas obras lo enorgullece a uno que haya personas que no la entienden, no porque sean inentendibles, sino porque requiere un poco de entendimiento su interpretación, sin dejar todo servido al espectador pasivo. No hay que bajar el arte para que sea entendible para todos, hay que motivar a todos a crecer mentalmente para que entiendan lo sublime que hay en ciertas obras (no hablo de sublimidad en el “El Sol”, hablo en términos generales).Desde el vamos la película me parecía un delirio medio absurdo, que hasta decía “pucha, le falta profundidad” o “en que mierda estoy laburando?!”, y al verla el sábado, me di cuenta que la tiene, y por fín estoy tranquilo con lo que salió.He aquí mi humilde opinión, intentando mostrar el panorama desde mi punto de vista, para no ver la película editada y hecha mierda para que la gente se ría todo el tiempo. Ahora bien, desde este punto de vista, para no hablar por hablar, el final me gusto porque cada cual lo puede interpretar de la forma que quiera, pero no con la libertad de mandar verdura, sino a través de indicios que están en toda la película. Esta es mi interpretación sobre por qué se busca un Mesias: es por lo mismo por lo cual se lo busca ahora. Si se lo busca en el mundo actual donde la desesperación existe, pero aún nos regimos como sociedad y no estamos totalmente deshumanizados; en un mundo más devastado donde la soledad del individuo es mayor junto con su desesperación y donde el mundo se acabó, pero la gente sigue viva paradójicamente, es obvio que algunos desesperados van a seguir buscando una justificación celestial para salvarse del mundo, de la muerte y del sufrimiento humano, y lo van a encontrar como siempre en falsos ídolos como el enano ese. Sobre el final, por un lado desde el título (El Sol), el desierto, los trajes refrigerantes, la falta de agua (que se ve en la escena del ciber donde la sacan con un aparato), se nos muestra explícitamente la carencia de agua, y la tormenta final es la muestra (esperanzadora si se quiere) de que el agua fluye nuevamente en el mundo, las plantas crecen (en el escenario que se ve en las alucinaciones de once) y el Sol sale. (El eterno retorno de Nietzsche… el constante fluir de las cosas de los presocráticos como Heráclito… el poder de la naturaleza eterna que sobrevive al ser humano que muere, pero el mundo sigue, etc, etc, etc)El mimo es quizás más rebuscado. Lo que dijo Ayar de que es una mezcla entre papa y humano es una respuesta lógica (quizás fue una respuesta casual, pero lo felicito), conozco varias personas que lo pensaron, tiene el pelo de papa, se cubre la cara, pero tiene forma antropomorfa, así que se entiende. El personaje (y acá hay un rebusque mío, que lo cuento para que vean mi interpretación) es como el Inmortal que aparece en muchas historias y cuentos (incluyendo en el cuento homónimo de Borges), ese ser eterno y solitario (pues su existencia sobrepasa la existencia de cualquier persona), que ve tristemente como se muere la gente que conoce y el sigue (eso se ve claramente, con la amistad con Once y la Morocha, que ellos desaparecen y él sigue vivo, intentando llamarle la atención a las papas que no le dan bola porque viven en su mundo papero). Es el personaje trágico de la historia (Lo asocio con Sísifo, de la mitología griega, que está condenado a levantar una roca hasta una montaña, se le cae, baja y la sube de nuevo, por la eternidad… en este personaje se basa la filosofía de la vida absurda de Albert Camus). Además puede ser tomado como una especie de “Dios triste”, un Dios eterno e impotente que ve cómo el mundo que le pertenece se destruye y no puede hacer nada, que vive en una empresa gigante y desolada. Encima es un Dios que no tiene diálogo con los humanos, porque no habla y usa los gestos (que son una especie de simbología, como lo son los libros relacionados con los dioses como la Biblia) para comunicarse con ellos (de ahí que es mimo).Disculpas si me cebé, es como para demostrarte que da para ese tipo de voladuras, que con imaginación se puede interpretar (lo cual nos motiva a no acostumbrarnos a que nos vendan todo servido y a ejercitar la mente, para luego votar con conciencia en las próximas elecciones, je).La película es buena, porque tiene esto y porque te cagas de risa. No hago la crítica de lo gracioso, porque es obvio que es graciosa, la gente se caga de risa acá y en Europa. La gente de la película es como la gente real: hay extremista (bonitos), tipos agresivos que tendrían que ser los buenos supuestamente (poses), politicos corruptos, religiosos, sectas, tecnología, rutas, tetas, un mimo, papas… Todo!SaludosMagrio-------------------------------------------------------------------------------
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Comentario de Rodrigo "Terranova"

Llamémosle crítica de “El Sol”
Hola, amigo:
En más de algún medio te vi decir “una peli con acción residual” y solo lo comprendí cuando lo viví. Fui con un compañero, estudiante de la FUC con el que compartimos charlas de cine y escribimos guiones cada tanto, solo por diversión. Las expectativas existían, pero en su caso, al finalizar la película, me comentó que las tenía muy bajas (convengamos que no vio Mercano ni Chimiboga) y que a partir de la primera media hora “entendió todo” y la disfrutó de lleno. Por mi parte esperaba una continuación de las animaciones de Chimiboga (solo en esos casos vale la pena “esperar”) y me llevé una buena sorpresa al encontrarme, no solo riendo, sino, pensando en más de una escena y sintiendo cosas extrañas de “No se explicar que fue eso, pero que bueno estuvo”, sensación que hacia el final de la peli tiene su clímax absoluto, algo que me hace dudar de la crítica más inmediata que se limitó a hablar de la cantidad de puteadas que hay, teniendo entre sus diálogos frases tan grandes como “Donde hay agua hay animales, donde hay Internet hay humanos” o escenas tan memorables como el teatro de mutantes o el mini-documental sobre la evolución de las papas.Los personajes (a diferencia de Mercano) caen bien sin ninguna pretensión extra, tienen un realismo “épico-barrial” que dejó de lado esfuerzo alguno para diferenciarlos. A Suppa lo podríamos encontrar a la vuelta de la esquina de nuestra casa, y no importa si es un chiste interno, uno lo está conociendo ahí, igual que el mini-Rovella o el Ratón Miquei. Las voces salen exitosas, especialmente la de Once, que tiene una naturalidad que te hace olvidar que estas viendo un dibujo hecho en Flash. La música es esencial para la película y sabe complementarse, especialmente la escena final, igual que algunos sonidos particulares, como el de las máquinas de Internet o los vehículos. Solo sentí molestia en los primeros 20 minutos, donde el sonido me parece que falla.La sensación general que me dio fue de frescura, y para salir de ese cliché, me refiero a la sensación de haber visto algo “distinto” pero que a la vez cae bien, porque carece de excentricidades o de ambiciones que van más allá de lo que simplemente es. Queda una sensación barroca de collage y de haber visto muchas cosas en poco tiempo, y dan ganas de recordarlas todas para después compartirlas, por eso creo que la mayoría de los que la vieron quieren verla de nuevo. La película, en general me recuerda al modo “swing” de escribir que tenía Jack Kerouac, eso que Gary Snyder define como “Escritura espontánea y todo eso”. Si, había un guión, pero las cosas que suceden mientras uno crea un mundo nuevo no salen ahí (Como por ejemplo, el dr. Tangalanga leyendo diálogos que no eran los suyos), y cuando eso se nota en la pantalla, uno siente que está viendo algo real, para nada forzado.Yo se lo que costó, y también que toda esta parte da muchos nervios, pero ya pasó, y el verdadero éxito esta vez no viene de ninguna crítica “especializada”, sino de las personas sensibles que se dejaron llevar por el mundo de “El Sol”. Los verdaderos sobrevivientes de Poblar.Y con eso y todo, creo que le va a ir bien con el gran público, tiene todo mi apoyo psico-moral y por lo que vi, de muchos más.Me quedo pensando en ese final miyazakista, y en las personas que lo criticaron como algo disconexo, ¿es posible criticar lo personal?, como en la escena de cierta película, donde un personaje, desde un pasillo en llamas gritaba a otro: “Estas viendo el interior de una mente”, eso es lo que vimos, y es imposible de describir. Como dice Auster en “La invención de la Soledad”, “La vanidad de intentar decir algo de alguien”. Me tomo esa vanidad para decir solo una cosa más: Me encantó!Un abrazo! Rodrigo “Terranova”

viernes, 2 de abril de 2010

MIGRAÑA

Este cuento se lo dedico a todos los amigos/as que padecen migrañas.

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Había en ese rostro algo interno que no encuadraba bien, sus ojos negros miraban detrás de los lentes con una mezcla de ansiedad que podría también haberse interpretado como el hábito de alguien que miraba insistentemente con la enfermiza intención de que el otro se sintiera molesto. Era de mediana estatura, con una incipiente calvicie, el hombre tenía la piel pálida, amarillenta como la de un anémico, los labios casi blancos y medianamente gruesos insinuaban una sonrisa falsa que dirigía a ratos a la mujer que estaba a su lado abrazándolo.
El hombre me había visto en el tumulto, seguramente alcanzó a ver mi largo cuello y pugnaba por encontrar la continuación de éste entre los brazos que se cruzaban aferrados a los tubos del trolebús; poco antes yo lo había mirado rápidamente cuando él todavía no me descubría y tuve tiempo de colocarlo en el casillero correspondiente a la colección de máscaras que dejaron en mi memoria una sensación extraña y desagradable. No era feo pero esa forma de desdoblarse para mirar a uno y otro lado y volver luego sus ojos a la mujer que estaba a su lado y a las otras mujeres que salían, entraban y cruzaban a empellones, definitivamente era desagradable, me daba la sensación de estar ante ese tipo de persona cuya anemia debía invadir todos los actos de su vida. La mujer que le acompañaba era un bulto apretado a su lado, al enfocar su rostro escudriñé unos rasgos faciales que al comienzo no me decían nada, mi rechazo por el hombre no me permitía observarle a ella pero hice un esfuerzo y me fijé en unos ojos que no pedían más que el placer de estar aferrada a su hombre. Tanta mediocridad me aterraba, finalmente giré la cabeza y ya no quise mirarlos más.
Bajé en la siguiente estación y fui directamente a la oficina donde debía realizar el trámite para recobrar el uso normal del agua potable, en una ciudad donde se hacía cada vez más difícil tener luz, agua o teléfono.
Cuando llegué había una cola tan larga como para descorazonar a cualquiera. La impaciencia que uno reúne durante el día con tantos contratiempos, alimenta una neurosis ciudadana difícil de controlar y que al menor motivo estalla en insultos, agresión física o suicidio encubierto en un atropello accidental sobre las calles congestionadas de ésta tan mentada sanfranciscana ciudad.
Tales expresiones de desesperación no habían sido tomadas en cuenta por los administradores de las empresas que se arrellanaban en sus cómodos sillones y pensaban en el cebiche que se comieron el fin de semana o en el futuro cebiche que se comerían con el jefe del otro departamento, perdidos y a salvo en el bosque de oficinas y ventanillas que iba yo seguramente a recorrer como tantos otros, para recibir finalmente un "venga otro día con tales y tales papeluchos". Con esos y otros pensamientos y haciendo la cola en la vereda bajo un sol infernal, me vino inevitablemente una jaqueca de esas que me impedían ver, oír y me apartaban de la realidad como una droga alucinógena. Traté de cubrirme del sol y estoica o masoquistamente continué en la cola porque me faltaba poco para llegar a la codiciada ventanilla. Cuando terminaron las cinco personas que quedaban adelante, me asomé ante el empleado, justo cuando el drama final de la jaqueca se disolvía entre una bruma que antecedía a una visión más clara, una calma artificial y una sensación de nausea.
Cuando miré al hombre que atendía al público, era como si hubiera llegado al madero que me salvaría del naufragio y no me llamó la atención que aquel empleado fuese el pálido y anémico del trolebús. Todo aquel purgatorio había sido la antesala de ese encuentro, el hombre alzó la mirada como reconociéndome y al ver mi palidez preguntó si me sucedía algo. Traté de explicarle que estaba saliendo de una asquerosa migraña pero que sabía cómo manejarla. Sonrió amablemente y me atendió con diligencia, cuando volvió trayendo el sello que necesitaba para estamparlo en el papel, además de un vaso de agua y una tableta, me dijo que hace unos momentos mientras viajaba en el trole, él había tenido el mismo problema y que a veces cuando le daban esas migrañas, él se divertía viendo la mitad de la cara de la gente hasta que se disipaba y todo volvía a la normalidad.- Cargamos nuestra propia droga dijo riendo, pero eso sí, -añadió fraternalmente- le recomiendo, tómese esta pastilla porque puede venir después un fuerte dolor de cabeza-, le acepté emocionada el agua y el medicamento, me deshice en agradecimientos y luego vino la ceremonia de la despedida, pidiéndole mil disculpas en un secreto y sincero acto de contrición.