TRES NOVELAS HISTÓRICAS
Por
alguna razón algunos autores literarios optaron por escribir sobre personajes y situaciones históricas, quizás como
una forma de entender el pasado para interpretar el presente.
Diseñar
una novela histórica implica, para el autor,
no solo remitirse a documentos que sustenten en buena parte los sucesos y la
vida de los personajes, sino tomar de la propia experiencia, elementos que le
permitan penetrar en el alma de los protagonistas y de su entorno para alimentarlo de lo real y de lo imaginario con
el propósito de darle a la narración el color y la textura de un hecho
verídico. Por lo tanto, la obra trabajada tendrá un contenido de la experiencia
humana individual que en suma corresponde al conjunto de células cada una de
las cuales concentra en sí misma lo esencial del tejido colectivo.
Novelas
universales maravillosas como Espartaco de Howard Fast o Memorias de Adriano de
Marguerite Yurcenard, entre otras obras, célebres por su maestría y por esa
magia envolvente que deslumbra al lector, han servido en muchos casos como un
modelo inspirador para escritores que han optado por este género narrativo.
En el
Ecuador se han escrito importantes novelas con fondo histórico o directamente
sobre personajes y acontecimientos históricos: A la Costa, de Luis A. Martínez,
La hoguera bárbara de Alfredo Pareja Diezcanseco, Cuando los Guayacanes
florecían de Nelson Estupiñán Bass, Las cruces sobre el agua de Joaquín
Gallegos Lara y muchas otras y más recientes escritas por autoras y autores contemporáneos.
En este
artículo me detendré sobre tres novelas que estuvieron en mis manos y las
disfruté leyendo: Rayo de Luis Zúñiga, El bicho que se bajó del tren
de Benjamín Ortiz y El perpetuo exiliado de Raúl Vallejo.
RAYO: LUIS
ZÚÑIGA PAREDES
Su
primera novela, Manuela, tuvo varias ediciones con mucho éxito y difusión entre
los lectores, obtuvo el premio Joaquín
Gallegos Lara del Municipio de Quito, Rayo, mereció una mención en el año de su
publicación y ha tenido tres ediciones: dos publicadas por la Casa de la Cultura Benjamín Carrión y una
en la editorial Libresa. La tercera edición de la CCE, se publicó en 2019
En este
artículo sobre la novela histórica me detendré en su segundo libro: Rayo, para
mí el más relevante en el sentido literario y por asumir la construcción de un
personaje que toma forma a la sombra del que, evidentemente y a pesar del
título del libro, es el personaje fundamental y al que en la novela se lo
nombra como Él, alrededor del cual se desarrolla la narración, me refiero a la
omnipresencia de García Moreno en la historia contada.
Capítulos
que narran con detalle meticuloso la descripción de objetos, situaciones y
acciones de los personajes. Una mirada fotográfica recorre lugares teñidos por
la luz mortecina de los faroles en un Quito sumergido en la noche, escenario
propicio para sórdidas conspiraciones y en el que la narración proyecta la
silueta de un García Moreno envuelto en su hábito de concupiscencia convertirse
en depredador sexual durante sus correrías nocturnas y por las mañanas verlo
atravesar la calle hacia la catedral para tomar la comunión diaria, antes de imponer su presencia
tiránica y poner en marcha objetivos y
trabajos llevados a cabo con ímpetu y férrea decisión.
Faustino
Rayo toma forma humana en la novela de Luis Zúñiga,.fuera de la caracterización
odiosa que los libros escolares dieron a la figura del individuo que asesinó a machetazos
al presidente mártir, sin dar a conocer los antecedentes que despertaron el resentimiento y la furia
del personaje, muy bien concebido en la novela al describir los hechos que lo llevaron a cometer el crimen, empujado
por los celos y embarcado en dicha acción por el conciliábulo político que
había decidido librarse del tirano.
Si bien
el autor no escribe su libro pensando en el lector, la manera de introducirse a
fondo en la vida y avatares de los protagonistas, basta para involucrar al
lector en las aventuras y desventuras en este caso de Faustino Rayo, y de poner
al descubierto la mente perversa y calculadora de García Moreno. De un modo
acuciante y certero, Luis Zúñiga describe con visión cinematográfica los
momentos más intensos de la novela, sea en los capítulos donde expone la dura
vida de Rayo como guardián de los confinados políticos en la Amazonía, o cuando éste
se enfrenta a sus visiones bajo el
efecto de la Ayahuasca
compartida con los indígenas en las profundidades de la selva, y de otra parte,
la trama desarrollada en la mente y en la configuración de la psicología del
personaje que representa a García Moreno.
Una
novela bien escrita donde el autor libera su imaginación para describir las
acciones y escenarios donde transcurren los hechos y momentos dramáticos de la
obra.
El
siguiente párrafo tomado del libro, corresponde al capítulo que narra las visiones
de Faustino Rayo durante el ceremonial de Ayahuasca en la selva amazónica.
El brujo le dijo
que se lanzara hacia el río, que olvidara todos sus temores. Volvió la vista
hacia el precipicio y vio que Belinda lo llamaba desde la profundidad de una de
las orillas del río. Con la mente totalmente perdida se arrojó al vacío, y
mientras caía con lentitud, vio y sintió que la llovizna que levantaba la
estruendosa cascada bañaba su cuerpo llenándolo de un renovado vigor. Reparó de
pronto que la mano de Belinda tomaba la suya, y que luego ambos caminaban hacia
una caverna donde una enorme fogata ardía en su entrada. "Allí están,
míralos", dijo Belinda con los negros cabellos azotados por un repentino
ventarrón. "¿Quiénes?", preguntó Faustino sin que pudiese ver nada
entre el humo y las lenguas de fuego que se alzaban ante sus ojos.
"¡Míralos!, ¿los reconoces?". Vio entonces que él mismo, bajo el
umbral de su dormitorio en la ciudad que había dejado quién sabe ya cuántas
semanas atrás, contemplaba impasible la escena de dos cuerpos desnudos
revolviéndose sobre aquella cama tan familiar para él. Era María Mercedes la
que abrazaba a un hombre que se agitaba sobre ella. Quedó estupefacto al ver
ese rostro femenino transformado por el vértigo dulce del placer. Miró la
espalda blanca del hombre que hacía compañía a su esposa, pero no alcanzaba a
identificarlo; ella hacía todo lo posible para que su pareja no se dejara ver
la cara; lo cubría con sus manos, lo entretenía con un prolongado beso para
cubrir su identidad. Quiso acercarse pero no pudo. Estaba paralizado. Intentó
gritar, pero fue en vano; el aire que expelían sus pulmones no pudo hacer
vibrar las cuerdas vocales. Fue entonces cuando el hombre del lecho se separó
de María Mercedes para mirar al petrificado observador, quien desde la penumbra
de la habitación los contemplaba: era ÉL. El mismísimo mandatario del Ecuador,
el hombre al que había considerado como su protector, el sacrosanto varón a
quien había obedecido tantas veces, como la mayoría de ese rebaño de gentes
silenciosas que lo admiraban y temían en el país. Una sonrisa canallesca se
dibujó en los labios lívidos del dictador. "¿Qué se le ofrece, señor
Rayo?".
EL BICHO QUE SE
BAJÓ DEL TREN: BENJAMÍN ORTIZ BRENNAN
Es la segunda novela histórica de Ortiz Brennan
publicada en 2021, el autor fue director del
desaparecido diario Hoy durante 17 años. La experiencia adquirida como
relator de sucesos en las columnas periódicas sobre sociedad y política, fueron
el detonante para incursionar con vehemencia en este género narrativo.
Novela inspirada en la construcción del
ferrocarril que unió a la
Sierra con la
Costa ecuatoriana (1872-1908), iniciada por el gobierno de
García Moreno y que culminó en la presidencia de Eloy Alfaro, se concentra
sobre todo en el momento más dramático, la odisea que atravesaron los obreros y
diseñadores del paso llamado La
Nariz del Diablo, que cobró la vida de tantos trabajadores
sobre todo de los negros provenientes de Jamaica, contratados por los ingleses pues se les
atribuía tener la fuerza y la experiencia para realizar estos trabajos donde se
necesitaba estar bien alimentado para resistir el clima y las adversidades, proyecto
que tenía como objetivo romper la montaña de granito en la cordillera
Occidental, para poder instalar los rieles de la vía del tren que debía ir incrustada
en la montaña a más de 3000
metros de altura y con un clima infernal.
Los avatares de la construcción son matizados
con la historia del personaje protagónico, nombrado en la novela como el bicho, derivado del nombre inglés
bishop (obispo) que los jamaiquinos le pusieron por ser una suerte de capataz
encargado de organizar y dirigir a los trabajadores en aquel tortuoso
escenario.
La novela tiene agilidad y reúne varios
elementos atractivos para el lector como
luego se verá en la explosión con dinamita para abrir la vía en la dura piedra
de la montaña y que causa muertos y como
consecuencia, el capataz irlandés también sale herido, situación que da pie
para la trama del noviazgo de éste con la hija de un político y hacendado
conservador, recurso que le permite ingresar en los entretelones de la enconada
lucha política entre liberales y conservadores que terminó con la masacre de
los Alfaro en Quito. Desvela también los conflictos por captar el liderazgo al interior
del propio partido liberal; eran esos años turbulentos como tantos de la
política ecuatoriana.
La práctica periodística le ha proporcionado
la técnica narrativa para manejar un lenguaje directo sin giros ni metáforas lo
cual permite al lector una lectura fluida hasta el final de la novela. Contar la Historia no es fácil y
llenar los vacíos que la investigación no aporta precisa sumergirse en el
tiempo y en la mentalidad de los seres humanos que vivieron en dicha época,
además, es necesario hacerlo de un modo convincente, creo que el autor logra
ese objetivo literario, el de trasmitir las sensaciones y las emociones vividas
por los personajes protagónicos.
( párrafo de la novela El bicho que se bajó
del tren, pág. 109)
El tren llegó a
Huigra el 2 de mayo de 1902. Desde allí, sin tomar resuello, la construcción siguió
por los desfiladeros andinos hasta el pueblo de Sibambe, ubicado en la base de
la montaña de piedra. El cura Baltasar Buenaño, ordinario del lugar y conspicuo
enemigo del liberalismo, no pudo resistir, un inolvidable 4 de agosto de 1902,
la tentación de echar agua bendita a la locomotora y a los vagones. Su pueblo
dejaba de ser un punto perdido entre las montañas para transformarse en un
cruce de caminos. Desde allí pronto partiría otro ferrocarril que conectaría
Sibambe con Cuenca.
Desde Sibambe, era posible contemplar el
colosal trazado en zigzag de la ruta por la cual treparían las locomotoras por la Nariz del Diablo. Las
explosiones habían concluido. No habría que pagar con más vidas el paso del
ferrocarril. Ahora se alineaban durmientes y rieles sobre una plataforma pétrea
que no cedería a las vibraciones ni a las tempestades.
EL PERPETUO
EXILIADO: RAÚL VALLEJO
Nacido en Manta, fundador y director de la
revista Kipus de la
Universidad Andina. Embajador del Ecuador en Colombia.
Ganador en varios concursos literarios en Ecuador, entre otros: Fiesta de
solitarios, premio Diario El Universo y Joaquín Gallegos Lara, Huellas de amor eterno,
premio Aurelio Espinosa Pólit, El Perpetuo exiliado ganó el premio
internacional de novela Héctor Rojas
Erazo (2015).
El Perpetuo Exiliado, está centrado en la
figura política de Velasco Ibarra, cinco veces presidente de la república ecuatoriana,
designado en elecciones democráticas y, derrocado en cuatro períodos, sólo en
uno de ellos llegó a culminar su gestión como presidente. Depuesto
repetidamente por facciones militares y por las ambiciones de políticos que pugnaban por alcanzar el poder,
condición que siempre ha estado presente en la vida republicana del Ecuador.
La novela está construida teniendo como base
sobre todo las cartas, diarios y una exhaustiva investigación del autor que sigue con perseverancia los
pasos de Velasco en sus destierros por varios países: México, Colombia, Chile y
finalmente Argentina de donde es originaria
su compañera y esposa, la escritora Corina del Parral que lo acompañó,
tanto en sus horas de triunfo como en las del exilio.
La técnica del collage que se menciona en la
contra portada del libro, esta vez, Raúl Vallejo la aplica para romper con la
escritura lineal de la narración al transcribir la correspondencia entre
Velasco y su esposa, textos de diarios, así como memorias del autor desde su
experiencia juvenil y desde su propia visión del personaje, la correspondencia
recuperada sobre todo la de Corina del Parral permite conocer el lado más humano
de Velasco Ibarra, elementos que le sirven al autor para estructurar la novela
y que revelan en parte la psicología del personaje cuya figura hierática está
todavía presente en la memoria de algunos ecuatorianos. Paralelamente, se ponen en evidencia los
absurdos y anacrónicos acontecimientos que se repiten en la vida política
actual del país con fanfarria y diferentes máscaras, lejos ya de la fiesta velasquista.
(Párrafo del Diario de los exilios, (por
Corina Parral), encontrado por el autor en un puesto de libros usados en San
Telmo, Bs.As.)
Enero de 1940:
Somos almas errabundas en tierras extrañas, caminantes expulsados de la casa
propia que ha sido ocupada por los espíritus contrahechos de la maldad humana.
La peregrinación dolorosa que nos espera recién ha comenzado, pero su costra de
soledad ya nos envuelve. La política de un hombre consagrado a un ideal ha sido
derrotada por la política rastrera envenenada de miserias. He cumplido treinta
y cinco años en el silencio triste del destierro. (pag. 138)
…Durante la
campaña electoral he soportado todo tipo de improperios por parte de esos
fariseos que dijeron que mi presencia ultrajaba a la sociedad católica porque
al llevarme del brazo, cosa que ellos consideraban una ostentación insufrible,
José María hacía apología del pecado de la carne…(pag.139)