sábado, 14 de mayo de 2022

VIAJE AL FINAL DE LA NOCHE: LOUIS FERDINAND CÉLINE

VIAJE AL FINAL DE LA NOCHE: LOUIS FERDINAND CÉLINE

  Louis Ferdinand Celine (1896-1962). Nacido en los suburbios de París fue enrolado como voluntario a los 18 años durante la primera guerra mundial, y, como tantos jóvenes ingenuos creyó en la patraña de jugar al héroe y de inmolarse por la patria en la guerra más sangrienta que ha tenido Europa, tanto o aún más cruenta que la segunda conflagración veinticinco años más tarde, en cuyas masacres intervino la población joven empujada a servir de carne de cañón como sucede en todas las guerras inventadas por los poderosos de este mundo. El tiempo que Celine estuvo en combate debió significarle una eternidad; fue gravemente herido con lesiones físicas y psíquicas, secuelas que le afectaron el resto de su vida, sumada a esta terrible experiencia una infancia infeliz. Difícilmente un ser humano puede salir indemne después de haber vivido el horror y la insensatez de la violencia y el extravío colectivo que significan las guerras. Viaje al final de la noche, su primera gran novela, debió ayudarle a exorcizar la espantosa experiencia al reproducirla en la narración con lucidez y plena conciencia del sinsentido atroz de una guerra, obra maestra que pone de manifiesto el ingenio literario de este autor francés cuya vida fluctúa entre la realidad y la ficción. 

Viaje al final de la noche y Muerte a crédito, bastaron para ubicar a Celine como una de las figuras mayores de la gran literatura europea del siglo XX. Novelar sobre la vida y la muerte en un escenario oscuro era la propuesta de Celine y esos dos factores están presentes en la lectura de su obra al suscitar un sentimiento ambivalente de angustia y de rebeldía que surge del tono desolador y a la vez mordaz de su estilo narrativo. 

Escritores, críticos y amigos de Celine, coincidían en expresar que no era un hombre complaciente ni transigía consigo mismo, su rigor lo llevó al límite de mostrar la imagen de sí mismo de un modo desagradable al novelar su vida recreando una versión sombría, amarga y descarnada, una honda expresión de rebeldía contra todo, actitud que llevaba implícita la intención de sacudir las malas conciencias e incendiar los círculos literarios y academicistas de la Francia de la época. 

Su experiencia como médico de los pobres, más allá del choque con la miseria y el dolor que implicaba su práctica, para Celine era una forma de subsistir pero también la substancia que abonaría su escritura, igualmente la experiencia en Africa le sirvió para referirse a las colonias francesas como: “el paraíso de los pederastas” y señalar, “que todo aquel sistema se sostenía en la explotación del negro”, capitulo que recuerda El corazón de las tinieblas de Conrad. Su estancia en ciudades de los Estados Unidos donde conoció el amor de una mujer que lo sostuvo y cuya presencia en la narración es fundamental. Celine tenía un particular concepto sobre los hombres, a quienes diferenciaba de las mujeres por su densidad; para él los hombres eran densos, pesados y sórdidos en cambio las mujeres, según Celine, eran ligeras y sutiles. En algunas entrevistas declaraba su afinidad con las mujeres, decía que él se veía como una mujer de mundo. J’ai de la finesse, decía con sonrisa enigmática. Celine amaba a las mujeres y ellas lo amaron y acompañaron en diferentes etapas de su vida. Dos de sus amantes tuvieron la danza como profesión, seguramente ellas le inspiraron esa imagen de levedad que mencionaba cuando hablaba de las mujeres. 

 Se corre el riesgo de ver en Louis Ferdinand Celine a un ser humano desquiciado por la vida y la sociedad de su tiempo, de suponerlo sumergido en insomnios terribles a raíz de los cuales pudo desarrollar un resentimiento que hiciera saltar los goznes de su equilibrio, pero la lucidez y el rigor de su escritura contradicen el juicio anterior, y encuentra el sentido medular de la obra de este autor en el profundo rechazo al mundo demente y feroz en el que le tocó vivir. 

Sus panfletos antisemitas fueron el origen de una persecución implacable por parte de la mentalidad belicista de sus contemporáneos al calificarlo como colaboracionista y enemigo de la república. Condenado por sus panfletos antisemitas huyó a Dinamarca donde fue detenido y encarcelado durante un año antes de ser amnistiado por el gobierno francés. Celine se declaraba pacifista y señalaba que su crítica no se refería al judío en términos racistas sino que su posición era contraria a la secta sionista que empujaba a la guerra. Según algunos analistas, el autor de Viaje al final de la noche condenaba el aspecto nefasto que se atribuía al judío en la época que antecedió a la segunda guerra, es decir a la identificación del judaísmo con el capital, al judaísmo que perpetúa el valor del dinero. 

Aquel desafío le significaron además de la persecución y la cárcel, el exilio y la marginalidad, una especie de chivo expiatorio para justificar las grandes masacres que se cometieron durante la primera y segunda guerras mundiales. A su regreso a Francia el escritor se sintió objeto del odio de mucha gente, a partir de lo cual vivió una vida de aislamiento casi de misántropía en una vieja casa de los arrabales de París. En esencia, Celine mantuvo ese desprecio por la autoridad y todas las imágenes que la simbolizaban; era un anarquista y sus escritos manifestaron siempre la voluntad de provocar tanto a la autoridad como a una sociedad arrebañada y pasiva. “Os lo digo, infelices, zarandeados por la vida, vencidos, desollados, siempre empapados en sudor, os lo advierto, cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros, es porque van a convertiros en carne de cañón”. 

Viaje al final de la noche, es una novela estremecedora que transgrede el lenguaje tradicional y académico de la época, para convertirlo en una lengua viva y libre de formalidades a la que sobrepone la oralidad y el argot de la calle, estilo que influyó en la generación beat y en otros autores literarios posteriores. Maneja una tensión permanente, según su autor es una suerte de diario, fragmentos de su existencia azarosa. Emparentada al realismo naturalista de Zola va mucho más allá del crudo retrato de la realidad. Para André Gide: “No es la realidad lo que Celine recrea, sino las alucinaciones que esa realidad provoca”. 

 Junto a la tragedia está el sarcasmo en Viaje al final de la noche. En su visión del ridículo humano los personajes se mueven entre la acción y la reacción como fantoches que resbalan al abismo, lanzados a un destino absurdo imposible de controlar aunque a veces la casualidad los salve. Sin embargo, hay una mirada que observa atenta desde afuera y desde el interior de Bardamus el protagonista en la novela, es el autor que se desprende de sí mismo para seguirlo en sus desventuras como una cámara perseguidora, dejándolo ser y hacer a la manera de un dios burlón que se divierte viéndolo retozar entre las miserias humanas. Da a veces la sensación de que sus personajes van a permanecer estables en determinadas circunstancias de la narración, pero acto seguido se los encuentra buscando la manera de escapar de esa condición. Es una constante en esta novela con momentos de una poética conmovedora, en ella, la miseria aparenta ser una parodia de la realidad y la tragedia una enorme mueca de burla. 

Yvonne Zúñiga

jueves, 14 de abril de 2022

TRES NOVELAS HISTÓRICAS

 

TRES NOVELAS HISTÓRICAS

 

Por alguna razón algunos autores literarios optaron por escribir sobre  personajes y situaciones históricas, quizás como una forma de entender el pasado para interpretar el presente.

Diseñar una novela histórica implica,  para el autor, no solo remitirse a documentos que sustenten en buena parte los sucesos y la vida de los personajes, sino tomar de la propia experiencia, elementos que le permitan penetrar en el alma de los protagonistas y de su entorno para  alimentarlo de lo real y de lo imaginario con el propósito de darle a la narración el color y la textura de un hecho verídico. Por lo tanto, la obra trabajada tendrá un contenido de la experiencia humana individual que en suma corresponde al conjunto de células cada una de las cuales concentra en sí misma lo esencial del tejido colectivo.

Novelas universales maravillosas como Espartaco de Howard Fast o Memorias de Adriano de Marguerite Yurcenard, entre otras obras, célebres por su maestría y por esa magia envolvente que deslumbra al lector, han servido en muchos casos como un modelo inspirador para escritores que han optado por este género narrativo.

 

En el Ecuador se han escrito importantes novelas con fondo histórico o directamente sobre personajes y acontecimientos históricos: A la Costa, de Luis A. Martínez, La hoguera bárbara de Alfredo Pareja Diezcanseco, Cuando los Guayacanes florecían de Nelson Estupiñán Bass, Las cruces sobre el agua de Joaquín Gallegos Lara y muchas otras y más recientes escritas por autoras y autores contemporáneos.

 

En este artículo me detendré sobre tres novelas que estuvieron en mis manos y las disfruté leyendo:  Rayo de Luis Zúñiga, El bicho que se bajó del tren de Benjamín Ortiz  y El perpetuo exiliado de Raúl Vallejo.

 

RAYO:  LUIS ZÚÑIGA PAREDES

 

Su primera novela, Manuela, tuvo varias ediciones con mucho éxito y difusión entre los lectores,  obtuvo el premio Joaquín Gallegos Lara del Municipio de Quito, Rayo, mereció una mención en el año de su publicación y ha tenido tres ediciones: dos publicadas por la Casa de la Cultura Benjamín Carrión y una en la editorial Libresa. La tercera edición de la CCE, se publicó en 2019

 

En este artículo sobre la novela histórica me detendré en su segundo libro: Rayo, para mí el más relevante en el sentido literario y por asumir la construcción de un personaje que toma forma a la sombra del que, evidentemente y a pesar del título del libro, es el personaje fundamental y al que en la novela se lo nombra como Él, alrededor del cual se desarrolla la narración, me refiero a la omnipresencia de García Moreno en la historia contada.

 

Capítulos que narran con detalle meticuloso la descripción de objetos, situaciones y acciones de los personajes. Una mirada fotográfica recorre lugares teñidos por la luz mortecina de los faroles en un Quito sumergido en la noche, escenario propicio para sórdidas conspiraciones y en el que la narración proyecta la silueta de un García Moreno envuelto en su hábito de concupiscencia convertirse en depredador sexual durante sus correrías nocturnas y por las mañanas verlo atravesar la calle hacia la catedral para tomar la comunión  diaria, antes de imponer su presencia tiránica y poner en marcha  objetivos y trabajos llevados a cabo con ímpetu y férrea decisión.

 

Faustino Rayo toma forma humana en la novela de Luis Zúñiga,.fuera de la caracterización odiosa que los libros escolares dieron a la figura del individuo que asesinó a machetazos al presidente mártir, sin dar a conocer los antecedentes  que despertaron el resentimiento y la furia del personaje, muy bien concebido en la novela  al describir los hechos  que lo llevaron a cometer el crimen, empujado por los celos y embarcado en dicha acción por el conciliábulo político que había  decidido librarse del tirano.

 

Si bien el autor no escribe su libro pensando en el lector, la manera de introducirse a fondo en la vida y avatares de los protagonistas, basta para involucrar al lector en las aventuras y desventuras en este caso de Faustino Rayo, y de poner al descubierto la mente perversa y calculadora de García Moreno. De un modo acuciante y certero, Luis Zúñiga describe con visión cinematográfica los momentos más intensos de la novela, sea en los capítulos donde expone la dura vida de Rayo como guardián de los confinados políticos en la Amazonía, o cuando éste se enfrenta  a sus visiones bajo el efecto de la Ayahuasca compartida con los indígenas en las profundidades de la selva, y de otra parte, la trama desarrollada en la mente y en la configuración de la psicología del personaje que representa a García Moreno.

 

Una novela bien escrita donde el autor libera su imaginación para describir las acciones y escenarios donde transcurren los hechos y momentos dramáticos de la obra.

 

El siguiente párrafo tomado del libro, corresponde al capítulo que narra las visiones de Faustino Rayo durante el ceremonial de Ayahuasca en la selva amazónica.

 

El brujo le dijo que se lanzara hacia el río, que olvidara todos sus temores. Volvió la vista hacia el precipicio y vio que Belinda lo llamaba desde la profundidad de una de las orillas del río. Con la mente totalmente perdida se arrojó al vacío, y mientras caía con lentitud, vio y sintió que la llovizna que levantaba la estruendosa cascada bañaba su cuerpo llenándolo de un renovado vigor. Reparó de pronto que la mano de Belinda tomaba la suya, y que luego ambos caminaban hacia una caverna donde una enorme fogata ardía en su entrada. "Allí están, míralos", dijo Belinda con los negros cabellos azotados por un repentino ventarrón. "¿Quiénes?", preguntó Faustino sin que pudiese ver nada entre el humo y las lenguas de fuego que se alzaban ante sus ojos. "¡Míralos!, ¿los reconoces?". Vio entonces que él mismo, bajo el umbral de su dormitorio en la ciudad que había dejado quién sabe ya cuántas semanas atrás, contemplaba impasible la escena de dos cuerpos desnudos revolviéndose sobre aquella cama tan familiar para él. Era María Mercedes la que abrazaba a un hombre que se agitaba sobre ella. Quedó estupefacto al ver ese rostro femenino transformado por el vértigo dulce del placer. Miró la espalda blanca del hombre que hacía compañía a su esposa, pero no alcanzaba a identificarlo; ella hacía todo lo posible para que su pareja no se dejara ver la cara; lo cubría con sus manos, lo entretenía con un prolongado beso para cubrir su identidad. Quiso acercarse pero no pudo. Estaba paralizado. Intentó gritar, pero fue en vano; el aire que expelían sus pulmones no pudo hacer vibrar las cuerdas vocales. Fue entonces cuando el hombre del lecho se separó de María Mercedes para mirar al petrificado observador, quien desde la penumbra de la habitación los contemplaba: era ÉL. El mismísimo mandatario del Ecuador, el hombre al que había considerado como su protector, el sacrosanto varón a quien había obedecido tantas veces, como la mayoría de ese rebaño de gentes silenciosas que lo admiraban y temían en el país. Una sonrisa canallesca se dibujó en los labios lívidos del dictador. "¿Qué se le ofrece, señor Rayo?".

 

 

EL BICHO QUE SE BAJÓ DEL TREN: BENJAMÍN ORTIZ BRENNAN

 

Es la segunda novela histórica de Ortiz Brennan publicada en 2021, el autor fue director del  desaparecido diario Hoy durante 17 años. La experiencia adquirida como relator de sucesos en las columnas periódicas sobre sociedad y política, fueron el detonante para incursionar con vehemencia en este género narrativo.

 

Novela inspirada en la construcción del ferrocarril que unió a la Sierra con la Costa ecuatoriana (1872-1908), iniciada por el gobierno de García Moreno y que culminó en la presidencia de Eloy Alfaro, se concentra sobre todo en el momento más dramático, la odisea que atravesaron los obreros y diseñadores del paso llamado La Nariz del Diablo, que cobró la vida de tantos trabajadores sobre todo de los negros provenientes de Jamaica,  contratados por los ingleses pues se les atribuía tener la fuerza y la experiencia para realizar estos trabajos donde se necesitaba estar bien alimentado para resistir el clima y las adversidades, proyecto que tenía como objetivo romper la montaña de granito en la cordillera Occidental, para poder instalar los rieles de la vía del tren que debía ir incrustada en la montaña a más de 3000 metros de altura y con un clima infernal.

 

Los avatares de la construcción son matizados con la historia del personaje protagónico, nombrado en la novela como el bicho, derivado del nombre inglés bishop (obispo) que los jamaiquinos le pusieron por ser una suerte de capataz encargado de organizar y dirigir a los trabajadores en aquel tortuoso escenario.

 

La novela tiene agilidad y reúne varios elementos  atractivos para el lector como luego se verá en la explosión con dinamita para abrir la vía en la dura piedra de la montaña y que causa muertos y  como consecuencia, el capataz irlandés también sale herido, situación que da pie para la trama del noviazgo de éste con la hija de un político y hacendado conservador, recurso que le permite ingresar en los entretelones de la enconada lucha política entre liberales y conservadores que terminó con la masacre de los Alfaro en Quito. Desvela también los conflictos por captar el liderazgo al interior del propio partido liberal; eran esos años turbulentos como tantos de la política ecuatoriana.

 

La práctica periodística le ha proporcionado la técnica narrativa para manejar un lenguaje directo sin giros ni metáforas lo cual permite al lector una lectura fluida hasta el final de la novela. Contar la Historia no es fácil y llenar los vacíos que la investigación no aporta precisa sumergirse en el tiempo y en la mentalidad de los seres humanos que vivieron en dicha época, además, es necesario hacerlo de un modo convincente, creo que el autor logra ese objetivo literario, el de trasmitir las sensaciones y las emociones vividas por los personajes protagónicos.

 

 

( párrafo de la novela El bicho que se bajó del tren, pág. 109)

 

 

El tren llegó a Huigra el 2 de mayo de 1902. Desde allí, sin tomar resuello, la construcción siguió por los desfiladeros andinos hasta el pueblo de Sibambe, ubicado en la base de la montaña de piedra. El cura Baltasar Buenaño, ordinario del lugar y conspicuo enemigo del liberalismo, no pudo resistir, un inolvidable 4 de agosto de 1902, la tentación de echar agua bendita a la locomotora y a los vagones. Su pueblo dejaba de ser un punto perdido entre las montañas para transformarse en un cruce de caminos. Desde allí pronto partiría otro ferrocarril que conectaría Sibambe con Cuenca.

 

   Desde Sibambe, era posible contemplar el colosal trazado en zigzag de la ruta por la cual treparían las locomotoras por la Nariz del Diablo. Las explosiones habían concluido. No habría que pagar con más vidas el paso del ferrocarril. Ahora se alineaban durmientes y rieles sobre una plataforma pétrea que no cedería a las vibraciones ni a las tempestades.

 

 

EL PERPETUO EXILIADO:  RAÚL VALLEJO

 

Nacido en Manta, fundador y director de la revista Kipus de la Universidad Andina. Embajador del Ecuador en Colombia. Ganador en varios concursos literarios en Ecuador, entre otros: Fiesta de solitarios, premio Diario El Universo y  Joaquín Gallegos Lara, Huellas de amor eterno, premio Aurelio Espinosa Pólit, El Perpetuo exiliado ganó el premio internacional de novela  Héctor Rojas Erazo (2015).

 

El Perpetuo Exiliado, está centrado en la figura política de Velasco Ibarra, cinco veces presidente de la república ecuatoriana, designado en elecciones democráticas y, derrocado en cuatro períodos, sólo en uno de ellos llegó a culminar su gestión como presidente. Depuesto repetidamente por facciones militares y por las ambiciones de  políticos que pugnaban por alcanzar el poder, condición que siempre ha estado presente en la vida republicana del Ecuador.

 

La novela está construida teniendo como base sobre todo las cartas, diarios y una exhaustiva investigación  del autor que sigue con perseverancia los pasos de Velasco en sus destierros por varios países: México, Colombia, Chile y finalmente Argentina de donde es originaria  su compañera y esposa, la escritora Corina del Parral que lo acompañó, tanto en sus horas de triunfo como en las del exilio.

 

La técnica del collage que se menciona en la contra portada del libro, esta vez, Raúl Vallejo la aplica para romper con la escritura lineal de la narración al transcribir la correspondencia entre Velasco y su esposa, textos de diarios, así como memorias del autor desde su experiencia juvenil y desde su propia visión del personaje, la correspondencia recuperada sobre todo la de Corina del Parral permite conocer el lado más humano de Velasco Ibarra, elementos que le sirven al autor para estructurar la novela y que revelan en parte la psicología del personaje cuya figura hierática está todavía presente en la memoria de algunos ecuatorianos.  Paralelamente, se ponen en evidencia los absurdos y anacrónicos acontecimientos que se repiten en la vida política actual del país con fanfarria y diferentes máscaras, lejos ya de la fiesta velasquista.

  

 (Párrafo del Diario de los exilios, (por Corina Parral), encontrado por el autor en un puesto de libros usados en San Telmo, Bs.As.) 

 

Enero de 1940: Somos almas errabundas en tierras extrañas, caminantes expulsados de la casa propia que ha sido ocupada por los espíritus contrahechos de la maldad humana. La peregrinación dolorosa que nos espera recién ha comenzado, pero su costra de soledad ya nos envuelve. La política de un hombre consagrado a un ideal ha sido derrotada por la política rastrera envenenada de miserias. He cumplido treinta y cinco años en el silencio triste del destierro. (pag. 138)

 

…Durante la campaña electoral he soportado todo tipo de improperios por parte de esos fariseos que dijeron que mi presencia ultrajaba a la sociedad católica porque al llevarme del brazo, cosa que ellos consideraban una ostentación insufrible, José María hacía apología del pecado de la carne…(pag.139)

 

 

sábado, 26 de marzo de 2022

EL PACIFISMO Y LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA

Como si fuera un partido de fútbol letal, este conflicto armado entre Rusia y Ucrania desvela la barbarie en la que la sociedad europea y mundial se debate. 

 Las muertes diarias por las bandas criminales de narcotraficantes o delincuentes acostumbrados a la violencia y que viven en sociedades enfermas por la inequidad social son eclipsadas frente al escenario de guerra salvaje entre los cultos y desarrollados países europeos que tampoco están libres de la criminalidad cotidiana.

 Las dos espantosas guerras mundiales que Europa tiene en su haber no han dejado aprendizaje alguno, por lo que se ve, los hombres, en su mayoría jóvenes, siguen siendo la carne de cañón de los gobernantes, arreados a la guerra como un rebaño al matadero, sin tener oportunidad alguna para negarse a participar de la máquinaria de muerte, dolor y destrucción. Hay que ver a las marionetas en el poder cómo gritan y se emocionan histéricamente recibiendo el aplauso de sus cómplices, arengando a las masas para que se ofrezcan de voluntarios al sacrificio propiciatorio ofrecido a una bandera, a una abstracción fatal. 

No entendemos el papel de la organización mundial (Un, Onu, o como quiera llamarse) creada después de la segunda guerra, acaso no existe una ley que diga o que proteja y defienda los derechos de quienes se nieguen ir a la guerra? Dónde ha quedado el principio que se ha proclamado como Objeción de Conciencia y el Pacifismo que manifestaban las multitudes en los años de la guerra de Vietnam? Estamos viendo, ahora que se ponen tantos videos sobre la guerra en Ucrania, cómo los jóvenes quieren huir de la matanza y son atrapados en sus diversos intentos por salir de Ucrania para salvar su vida y seguir a su familia, qué destino les espera cuando los guerreristas han impuesto una ley marcial que condena a los desertores. 

¿Qué hay más allá de las caras que en los medios figuran como culpables y protagonistas del desastre? Los poderes políticos del mundo podrían detener esta guerra, si no la alimentaran con la gran campaña a través de los medios, vendiendo armas y mercenarios para que la guerra traspase fronteras, pues esa sería la consecuencia. Qué nos queda a los que deseamos un mundo justo: ¿los rezos del papa y sus feligreses? Meditar, quizás enviar energías de pacificación que resuenen y deriven en multitudinarias manifestaciones por la paz en el mundo.

martes, 22 de marzo de 2022

MÁS ALLÁ, EL AMANECER

 ...una nota, una cuerda de violín que se alarga hasta el infinito, conexión con algo lejano y eterno. Había amanecido, recorría las últimas páginas para dar el examen final en la escuela ese mismo día, el viejo reloj daba su última campanada de las cinco de la mañana. Miré por la ventana el azul oscuro del cielo que empezaba a clarear por el oriente y escuché, sin ninguna duda escuché la sinfonía del amanecer. El desplazamiento de la tierra hacia la luz del sol tenía una música, era una onda sonora mínima, casi inaudible para el oído humano aunque no para las aves, me sentía parte de todo eso en aquel instante. 

Debía dormir un poco para descansar hasta la hora de ir al colegio; era necesario pasar el año escolar, los últimos exámenes para superar las calificaciones bajas, por esa razón había que estudiar hasta la madrugada, completar el puntaje y pasar sin problemas. 

Al entrar en el dormitorio observé a la abuela que dormía boca arriba en la penumbra de la almohada; su cabeza de cabellos blancos parecía la de un cadáver con el maxilar inferior caído y los ojos entreabiertos, la respiración dificultosa a ratos parecía detenerse. Me puse a toser para que despertara, el temor de una muerte súbita me llenó de pavor. Esperé, pensé que tal vez iba a ser testigo de aquel último minuto de vida, contemplar ese paso inevitable que atemorizaba tanto a los vivos. El rostro envejecido y abandonado al sueño que podía ser el mío del futuro me produjo una extraña excitación y me dije: cuando ya no estés abuela, vos que significaste el lado bueno de la vida para mí, para nosotros, la generación que empieza y continúa el camino hacia algo por ahora incierto. Tengo un tiempo largo, tal vez, y vos estás llegando al final. Qué pena abuela ¡abuelita!, dije en alta voz casi gritando, y ella abrió los ojos, me sorprendió mirándola de pie en medio de la habitación mientras la luz del amanecer se filtraba por las cortinas. -Anda a dormir -me dijo, -todavía es temprano... 

Del libro: Vigilia, Y.Zúñiga, 2019

jueves, 3 de marzo de 2022

LO SABEMOS

 

Sabemos que hay un telón de fondo de las invasiones y guerras de los últimos veinte años, que detrás de las banderas que se enarbolan como símbolo patriótico hay intereses de los poderes económicos que han desencadenado las guerras de las últimas décadas. Parece que olvidaron las invasiones, destrucción de ciudades y la muerte de miles de soldados y civiles en los países de Medio Oriente. En ese entonces no hubo ninguna sanción para el invasor que en ese momento era Estados Unidos, hubo silencio y complicidad de parte de los países europeos que fueron después, como consecuencia, víctimas del terrorismo. No se trata de justificar la guerra entre Rusia y Ucrania, porque el horror de las guerras y sus derivaciones de destrucción, hambre y muerte son condenables vengan de donde vengan. 

La guerra sirve para que la humanidad se destruya, aunque se la haga en nombre de la libertad o para defender un territorio, lo que consigue es dividir al género humano en lugar de unirlo para experimentar su verdadera evolución. La industria de armas cada vez más sofisticada ha enriquecido y dado más poder a ciertos países, sobre todo cuando sus economías están en crisis, por lo tanto necesitan de las guerras para mantener sus sistemas económicos al alza. Sistemas económicos que no buscan acabar con la pobreza y la inequidad de sus pobladores porque sus objetivos son: tenerlos dependientes y esclavizados a su servicio. 

El poder sustentado en el armamentismo hace que las masas vivan para trabajar y producir para enriquecer a esos grupos que se han adueñado del mundo y han manipulado, por todos los medios, la conciencia de la población mundial, para enajenarla hasta el punto de hacerla creer que no tiene otro camino que la dependencia de sus amos para no morir de hambre. 

 La solución para impedir la autodestrucción de la humanidad es la eliminación de las armas, NO al armamentismo, NO a la violencia aunque ésta sea consecuencia de la injusticia, de la ceguera y de la codicia, es necesario seguir afirmando que otro mundo SI es necesario y que la fuerza de la energía humana y espiritual, lejos de creencias religiosas masivas y manipuladoras, tiene la capacidad creadora para convertir al mundo en un espacio protector y feliz.

jueves, 10 de febrero de 2022

EL TAPA BOCAS

 

TAPA BOCAS

 

Habrá que salir con mascarilla, una vez terminada o más o menos acabada la peste porque según amenazan, habrá otras variantes. Estamos prevenidos por el temor sembrado, y muchos seguiremos usando ese apéndice adoptado en estos dos años y más de pandemia.

 

Escucho una canción de M.Jackson y recuerdo un cuento racista que leí en la niñez:  el negrito que quería ser blanquito, no sé por qué se me vino a la memoria esa pequeña y ridícula historia con láminas a todo color. Aunque no haya sido ésa la intención del cantante que influyó tanto en ésa y posteriores generaciones de niños y adultos,  el ritmo y la música afro se ha impuesto en la cultura musical de los norteamericanos y mucho más allá de sus fronteras: jazz, rock, salsa y otros ritmos, de los cuales conozco poco. La radio se interrumpe para dar un mensaje ecológico: habla de los plásticos que  contaminan el mar, sobre todo ahora con las mascarillas que los inconscientes arrojan por las ventanillas de sus autos.  

 

La enfermedad ha sido tremenda y se ha llevado a los que no pudieron resistir su letalidad. Me considero suertuda después de tanta muerte. Mientras estaba en el hospital: entre sueros, pruebas nasales, pastillas y un sueño extenuante, veía en esos intervalos de estar despierta, la luz blanca de la lámpara y en medio de esa franja luminosa un bicho danzando en ese hábitat casi etéreo. Impotente y resignada me preguntaba si ése sería el causante de tanta mortandad. La invasión de los micro organismos nos han convertido en víctimas de esos casi invisibles colonizadores, y, mientras la moderna tecnología hace lo imposible por encontrar la forma de vencerlos, los indocumentados de la inmunización, aislados y temerosos  esperan con el tapabocas el fin del control vacunatorio. A pesar de los desastres naturales, que las redes de internet se encargan de mostrarnos cuando no los vemos y sentimos ante nuestros ojos y bajo nuestros pies, los todavía vivientes nos agitamos y soportamos las variantes y demás, pretendiendo volver a la antigua o con el eufemismo de nueva normalidad.

 

Y Z P.

domingo, 30 de enero de 2022

BRUNO SÁENZ

EN MEMORIA DE BRUNO SÁENZ 

Fallecido el 11 de enero de 2022 . Bruno Sáenz nació el 13 de septiembre de 1944. Una voz poética muy importante de la Literatura ecuatoriana contemporánea. Publicó una veintena de libros sobre diversos géneros literarios: poesía, ensayo, relato, teatro. Lector insaciable y amante de la música clásica, en la adolescencia fue parte de un grupo de jóvenes literatos, entre ellos: Ramiro Dávila, Vladimiro Rivas, Diego Araujo, Javier Ponce, Jorge Dávila, con quienes compartía lecturas y textos iniciales, y luego, en la universidad donde estudió Derecho, publicó con ellos la revista Agora. Su entrega a la vida literaria tuvo paréntesis cuando le tocó trabajar como funcionario público, pero el eje de su vida fue literario y la búsqueda del Arte en sus diversas dimensiones. Finalmente fue nombrado miembro de la Academia ecuatoriana de la Lengua, por su valiosa producción y actividad literaria.

 De su libro, La noche acopia silencios, transcribo algunos de los textos poéticos de Bruno Sáenz Andrade; poemas que él me había enviado anteriormente para su publicación en este blog. Bruno Sáenz A. 

 

 NATURALEZA CON AUTOR Y TESTIGO 

Soporto con mis ojos el jardín, la llovizna, el anuncio 

del gozo solar de las alturas. 

Copia la levedad del tiempo la presencia fugitiva del cuerpo,

 la siega y la cosecha de la contemplación. 

No me toca indagar por la pluma del ángel 

suspendido entre el cielo y la fecundidad prodigiosa del limo, 

por la emoción serena o turbia del paisaje, 

su condición magnánima, el destino propicio a la casa y 

al huésped. 

Mía es la vocación de adelantado y guía de la conquista 

espléndida, del universo entero. 

He de dar una forma, un nombre a los rincones del 

mundo sometidos al yugo de mi planta.

 (A mi pesar, la vista se demora, se abisma. 

 Considera la imagen apenas existente, la memoria dichosa 

de un Edén entreabierto. 

Somete sus designios al secreto diseño de la Mano 

dispuesta a pintar con un trazo 

el lienzo magistral y la pupila absorta de aquel que lo atesora). 

 

 JARDINES DE LA MORADA 

Ha pasado por mi oído la cabalgata del agua. 

El silencio ha sucedido a la confusión de voces, a 

los pasos desatados. 

Cesan también la abundancia de la sílaba y el verbo. 

La lengua solo mantiene la memoria desvaída de 

un sabor, de una palabra. 

Bien vale ver cómo llega la sensatez con la tarde, 

con las hogueras menguantes del vigor y de los años. 

Abandono la hoja blanca. Me aproximo a la ventana. 

Desde mi celda de piedra, la imaginación se 

atreve a encerrar detrás de un vidrio 

al árbol y las retamas y la espina de la mora, 

a los aires donde aún pesan la respiración salvaje, 

 la ardua escritura del casco, la humedad de la estampida. 

Como quien cuenta las letras o repite balbuceante las

 líneas del silabario leo la página abierta. 

La punta fértil del lápiz olvida cómo se traza la voz 

“jardín” o bosqueja la copa blanca del lirio. 

Dejo la seguridad de los cimientos, del muro. Piso la  

tierra aliviada del tablón y de la losa. 

Desde el suelo me acompaña el eco de los andares 

silenciosos de los muertos. 

Ni sus almas de ceniza ni mi estatura de barro sienten 

 la necesidad de pronunciar un vocablo. 

 ¿Quién le devuelve a la boca el gusto, el significado? 

¿Quién, la llegada a la senda, el calzado al caminante? 

 

CALLE Y TRANSEÚNTE 

 La he recorrido durante años. Solo la reconozco si voy de oriente a occidente, cuando cae la noche. (En sentido contrario, a plena luz, no es sino la salida de la casa al barrio familiar). Los adoquines de la calzada roban un poco de claridad de los faroles, pero la calle prefiere las manchas de penumbra, se identifica con ellas. Ya no conduce a las paredes y tejados, a los caminos cercanos. (Una de mis páginas ha intentado recoger el misterio de la vía que no va a un lugar conocido ni se apresura a parte alguna…) Si la cinta de asfalto y de piedra simula la fuga a un mundo ajeno, a un abismo magnífico, irresistible, mi prudencia ha de escoger la seguridad del refugio. Detengo mis andares al llegar a mi puerta. Cuando me decida a continuar, lo sé, va a desvanecerse la ilusión. Hallaré un giro de la ruta a la izquierda, un vuelco opuesto a la derecha, el alivio estruendoso de un automóvil, una ventana iluminada. Tal como ocurriría por la mañana o a mediodía… Imagino ahora la figura de un hombre, la mía. Da un paso más allá del atardecer, de la cordura. Enfrenta la revelación del vacío, la niebla, lo ignorado. No se detiene. Repite la zancada. Hacia adelante… 

Dejo que parta la sombra de mi sombra. 

 

ODISEO 

Cedo el timón a las manos anónimas de un marino. 

Rey, me ausento de las ruinas, de las salas devastadas, de la moneda de cobre. Dejo la isla a la avidez o al juicio de mi heredero. Navegante, me sujeto al instinto y la pericia del capitán de la nave.

 Hace frío. He preferido cubrir la suma temible de los años con los pliegues cínicos de la razón y las vueltas de una capa. Comparo con mi talante inusualmente sereno la impaciencia de los hombres, la voz sin tino del viento. 

No ha de quitarme el sosiego el llanto de las sirenas. 

No he de amarrarme al madero para ignorar sus lamentos, la queja desgarradora de un hambre jamás saciada.

No me intimida el encono enamorado de Circe. Se demora su deseo junto al recuerdo del héroe, la mentira de una sombra. 

Ha olvidado mi equipaje el sudario de mi padre, tejido por la constancia de una mujer cuyo rostro queda grabado en la hondura memoriosa de mis ojos. 

La nostalgia no se allega por fuerza al solar paterno: exige arenas distantes, ignoradas geografías, horizontes que se aferran a los bordes del abismo. 

Hay obstáculos más francos que las murallas de Troya. 

Mi reflejo en el escudo vale bien las amenazas de un Héctor exacerbado. 

No es lícito en adelante volver atrás la mirada, desviarla de la ruta inexorable del remo. 

 

 EPITAFIO PARA UN LETRADO 

 La lente mejor pulida, la pupila inquisitiva,

 la sapiencia minuciosa del filólogo y la lengua desbocada del profeta 

 no bastan para leer las letras ya desvaídas de mi patria y de mi nombre, 

las fechas de mi dudoso nacimiento, de mis pasos de niebla por este mundo, 

la ocasión de la segura tala del árbol torcido, 

de la apariencia de mi alma. 

Mejor conservan sus títulos los lomos de los tratados, 

 las obras de los maestros que pusieron en mi lengua 

la sílaba, los vocablos, la tinta de la saliva. 

No escojas, lector, las líneas obscenas del principiante.

 Reclama el libro decrépito, escrito con el estilo 

sobre el cilindro de barro, 

el pergamino mordido por el hambre del gusano,

 la desmemoria del tiempo. 

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