jueves, 8 de julio de 2010

EL CUENTO CORTO


El cuento corto es un género especialmente practicado por algunos cuentistas norteamericanos y también por escritores latinoamericanos.
Voy a poner en este blog, algunos cuentos cortos de diversos autores. Quiero incluir también autores ecuatorianos, para romper con esa costumbre mezquina y local de considerar malo todo lo que escriben nuestros coterráneos. Debe ser una de las razones por las cuales no se conoce fuera del Ecuador lo que se escribe actualmente en nuestro país. Salvo las generaciones del treinta y del cuarenta, de escritores ecuatorianos valiosos, gracias a esa labor generosa de Benjamín Carrión, que ayudó a difundir nuestra literatura y nuestra plástica por el continente. Simplemente en mi blog, publico lo que quiero. Por suerte tengo este único medio para difundir lo mío y lo de otros escritores también, dando preferencia a la ficción, claro.
Espero no me manden a la hoguera por lo que digo, pero yo si creo que mientras más se publique sobre la literatura de un país, mientras más investigación y difusión se haga de lo que se está escribiendo, se puede encontrar y descubrir a los buenos escritores, aquellos que reflejen en su obra las esencias culturales, nuestro lado luminoso y sobre todo, el lado oscuro de una sociedad como la nuestra, que oculta, como decía un amigo, algún secreto incestuoso, algún cadáver bajo el piso. Develar esas culpas, esos complejos sociales, es tarea de los artistas y de los intelectuales.
En el caso del Ecuador, necesitamos espacios en los medios para la crítica literaria. Necesitamos gente especializada en el análisis de la literatura desde diferentes enfoques, creo que existen investigadores y críticos pero faltan los espacios de comunicación. Antes había suplementos literarios en la prensa, ahora se dedica una página o alguna que otra columna, en alguno que otro diario, el fútbol lo llena todo, y las poquísimas revistas literarias que existen, no están al alcance del bolsillo de todos, están escondidas por ahí en algún estante de librería.
Así que voy a poner un grano de arena, y junto a los cuentos de autores extranjeros, buscaré lo más significativo de los cuentistas contemporáneos de nuestro país, para publicarlos en este blog.
Esta vez empezaré con un autor norteamericano, pues en estos momentos estoy dedicada a leer a los extraordinarios cuentistas norteamericanos, transgresores y críticos implacables de su medio, de la hipocresía social norteamericana en épocas pasadas, presentes y futuras.


CAMPAMENTO INDIO

Por Ernest Hemingway

Habían preparado otro bote en la orilla del lago y dos indios esperaban a su lado.
Nick y su padre se colocaron en la popa y los indios pusieron la embarcación en marcha. Uno de ellos remaba. Tío Jorge se sentó en la popa del bote del campamento. El indio joven lo alejó un poco de la orilla y después montó para remar.

Las dos embarcaciones empezaron a navegar en la oscuridad. Nick oyó el ruido de los remos del otro bote, más adelante, ya que la niebla le impedía verlo. Los nativos remaban con golpes rápidos y violentos. Nick estaba recostado, y su padre lo rodeaba con el brazo. Hacía frío en el lago. El indio remaba con todas sus fuerzas, pero el otro bote siempre le llevaba ventaja.
-¿A dónde vamos, papá? –preguntó Nick.
-Al campamento indio. Hay una señora muy enferma.
-¡Ah! –dijo Nick.
El bote de tío Jorge llegó antes a la otra orilla. Cuando ellos desembarcaron, ya estaba fumando un cigarro. La oscuridad era completa. El indio joven empujó el bote hacia la playa y tío Jorge les dio cigarros a los dos remeros.
Después atravesaron un prado empapado de rocío.
El joven indio iba delante con el farol. Pasaron por el monte y siguieron un sendero hasta el camino. Allí había más luz, pues el monte estaba cortado a ambos lados. El guía se detuvo y apagó el farol de un soplo. Finalmente, avanzaron todos por el ancho camino.
Doblaron una curva y apareció un perro ladrando. Más allá se veían las luces de las chozas de los leñadores indios. Unos cuantos perros más salieron al encuentro de los recién llegados. Más allá se veían las luces de las chozas de los leñadores indios. Unos cuantos perros más salieron al encuentro de los recién llegados. Los dos indios los hicieron regresar a las chozas. En la que estaba más cerca del camino había luz en la ventana, y en la puerta esperaba una anciana con el farol encendido.
Dentro, una india joven estaba tendida en una litera de madera. Durante dos días había tratado de dar a luz. Todas las ancianas del campamento la habían ayudado. Los hombres, por su parte, iban a fumar al camino, lejos de allí, por no oír los lamentos de la mujer. Cuando Nick y los dos indios entraron detrás de su padre y tío Jorge, estaba gritando. Estaba acostada en la estera inferior. Parecía enorme bajo la colcha. La litera superior la ocupaba su marido, que tres días antes se había cortado un pie con el hacha. Fumaba en pipa. La habitación olía que apestaba.
El padre de Nick ordenó que pusieran un poco de agua al fuego, y mientras se calentaba habló con el muchacho:
-Esta señora va a tener un hijo, Nick.
-Ya lo sé.
-No, no lo sabes- prosiguió su padre-. Escúchame. Está sufriendo los llamados dolores del parto. La criatura quiere nacer y ella quiere que nazca. Todos sus músculos están tratando de que salga la criatura. Eso es lo que ocurre cuando grita.
-Comprendo –asintió Nick.
En ese instante, la mujer lanzó un grito.
-¡Oh! ¿Y no puedes darle algo para calmarla, papá?
-No. No tengo ningún anestésico. Pero sus gritos no tienen ninguna importancia. No los oigo, porque no tienen importancia.
En la litera superior, el marido se volvió hacia la pared.
La mujer que vigilaba el agua indicó al médico que ya estaba caliente. El padre de Nick fue a la cocina y echó la mitad del líquido de la enorme olla en una palangana. Después sumergió en el agua que quedaba en la olla varias cosas que llevaba envueltas en un pañuelo.
-Esto tiene que hervir –dijo mientras empezaba a lavarse las manos en la palangana con el trozo de jabón que había traído del campamento.
Nick observó atentamente el cuidado con que su padre se frotaba las manos. En aquel momento volvió a dirigirle la palabra:
-Como verás, Nick, primero tiene que salir la cabeza de la criatura, aunque a veces no ocurre así. Entonces se producen muchos inconvenientes para todos. Quizás tengamos que operar a esta mujer. Dentro de un ratito lo sabremos.
Una vez terminado el minucioso lavado, se dispuso a trabajar:
-¿Quieres retirar esa colcha, Jorge? Prefiero no tocarla, ahora que tengo las manos limpias.
Luego, cuando empezó a operar, Tío Jorge y tres indios sujetaron a la mujer, que en una ocasión mordió a Tío Jorge en el brazo, haciéndole exclamar:
-¡Perra india de porquería!
Y el indio que había remado en su bote lanzó una carcajada. Nick sostenía la palangana al lado de su padre, que tardaba mucho. Finalmente, sacó la criatura, le dio una palmada para hacerla respirar y la entregó a la anciana.
-Mira, es un niño, Nick. ¿Qué opinas como practicante?
-Que está muy bien –dijo Nick, mirando hacia otro lado para no ver lo que hacía el padre.
-Así. Eso es –dijo éste poniendo algo en la palangana.
Nick apartó la mirada de nuevo.
-Ahora hacen falta varias puntadas. Haz lo que te parezca, Nick. Si quieres mirar, mira, y si no, no. Voy a coser la incisión anterior.
Nick no contempló la operación. Había perdido toda curiosidad…
Su padre terminó, incorporándose. Tío Jorge y los tres indios también se pusieron de pie, Nick llevó la palangana a la cocina.
Tío Jorge se miró el brazo, y el indio joven sonrió al recordar la escena del mordisco.
-Te pondré un poco de peróxido, Jorge –le dijo el médico.
Luego se inclinó sobre la mujer, que estaba muy pálida y quieta y con los ojos cerrados.
Había perdido el sentido.
-Volveré por la mañana –explicó el doctor, poniéndose de pie -. La enfermera de San Ignacio llegará aquí a mediodía con todo lo que necesitamos.
Estaba muy alegre y locuaz, igual que los jugadores de fútbol en los vestuarios después del partido.
-Esto es como para publicarlo en el boletín médico, Jorge –manifestó -.¡Imagínate! ¡Hacer una operación cesárea con una navaja y coser la herida con hilo de tripa! ¡Casi nada!
Tío Jorge estaba apoyado contra la pared. Seguía mirándose el brazo.
-¡Oh! No hay duda de que eres un gran hombre –afirmó.
-Ahora hay que echarle un vistazo al orgulloso padre. Generalmente, son los que más sufren en estas pequeñas tragedias. Aunque hay que reconocer que se portó bastante bien.
Pero al retirar la colcha que cubría la cabeza del indio, sacó la mano mojada. Entonces se subió al borde de la litera inferior y miró la otra con la ayuda del farol. El nativo yacía con la cara hacia la pared. Un tajo de oreja a oreja, le atravesaba el cuello. La sangre formaba un charco la parte del lecho hundida por el peso del cuerpo. La cabeza descansaba sobre el brazo izquierdo, y la navaja abierta estaba encima de las mantas.
-Haz salir a Nick, Jorge –dijo el doctor.
Pero no hubo necesidad de hacerlo, pues Nick, desde la puerta de la cocina, había visto la litera cuando su padre, farol en mano, echó hacia atrás la cabeza del indio.
Empezaba a clarear cuando regresaron al lago por el camino de los leñadores.
-Estoy arrepentidísimo de haberte traído, Nick -dijo su padre. Le había desaparecido la alegría que había sucedido a la operación-. Ha sido algo espantoso y poco conveniente para ti.
-¿Siempre sufren tanto las mujeres cuando dan a luz? –preguntó Nick.
-No, esto ha sido algo excepcional, muy excepcional.
-¿Y por qué se suicidó él, papá?
-No sé. No habrá podido aguantar lo que vio, supongo.
-¿Se suicidan muchos hombres en casos como este?
-No muchos, Nick.
-¿Y muchas mujeres?
-Es raro.
-¿No se suicidan nunca?
-¡Oh! Sí. A veces lo hacen.
-Papá…
-¿Qué?
-¿Adónde fue tío Jorge?
-Volverá enseguida.
-¿Se sufre mucho al morir, papá?
-No, creo que no, Nick. Depende…
-Luego se sentaron en el bote: Nick en la popa y su padre en el centro, remando. El sol ya se asomaba por las colinas. Un róbalo saltó y formó un círculo en el agua. Nick introdujo la mano en el agua, que estaba tibia a pesar del frío matinal.
En el lago, sentado en la popa del bote, en aquella hora temprana, mientras su padre remaba, Nick tuvo la completa seguridad de que nunca moriría…

…………………………..

ERNEST HEMINGWAY: Nació en Oak Park, Illinois, en 1891. Conocido por sus novelas: Adiós a las armas, Por quien doblan las campanas, El viejo y el mar…Hemingway es más complejo y certero en sus cuentos, y sobre todo en el cuento corto. Observador agudo de los seres humanos, de sus acciones y de su entorno, Hemingway recrea sus tramas, extrae momentos cruciales e imágenes de la realidad vivida. Participó en las dos guerras mundiales y en la guerra civil española, como integrante de la cruz roja, soldado y corresponsal de guerra. Digno representante del realismo norteamericano, mientras vivía en París se unió a escritores que pertenecieron a la llamada generación perdida: Scott Fitzgerald, Ezra Pound, Gertrude Stein.Vivió en Cuba muchos años, antes y después de la revolución. Se suicidó en 1961, mientras vivía en los Estados Unidos. Obtuvo el premio Nobel en 1954.

viernes, 18 de junio de 2010

José Saramago se ha ido

A los 87 años fallece el escritor portugués afincado en España. Mucho habrá que comentar sobre su obra y su postura como pensador del tiempo que le tocó vivir.
Aunque he leído sólo tres libros de su vasta obra, quedo en deuda con este escritor, una inmensa figura de las letras en el anterior y en el nuevo siglo.
El autor de: Memorial del Convento, El cerco de Lisboa, El hombre duplicado y sus ensayos sobre la ceguera y sobre la lucidez..., ha tomado el camino del "no regreso", nuestro homenaje a la memoria de José Saramago.

viernes, 23 de abril de 2010

Dos comentarios críticos sobre la película El sol

A continuación les introduzco en la lectura de dos comentarios críticos sobre la película de animación, El sol, de Ayar Blasco, largo metraje con el cual participó tanto en el festival de Rotterdam como en el Bafici de Buenos Aires, y espero, de próxima presentación en algún festival de Quito.
En este caso por mi relación cercana con el director y autor de la película, no quiero dar mi opinión, prefiero que lo hagan estos dos jóvenes escritores y artistas argentinos que intervinieron en la construcción de la película: Mario González en el trabajo de animación y Rodrigo Terranova en la música que sirve de fondo a El sol.

-----------------------------------------------------
Comentario de Mario González
Hola.
Por mi parte, la película me pareció excelente la segunda vez que la vi, el jueves estaba cebado mirando detalles, buscando errores o corroborando que la animación esté bien (Ese día quedé muy satisfecho con la animación, pensé que iba a ser dura, pero me pareció que no, la música y las voces le dan toda la vida a la película. Pero ese día como que la trama la pasé por alto, encima estaba cebado porque estaba cansado de ver una y otra vez las escenas sueltas durante todos los años de laburo). Recién el sábado me senté, la vi distendido y me pareció muy buena. Después noté que hay un hecho que también tuvo que ver con cómo miré la película cada día (cosa que también mi novia notó), el tipo que habló antes de la película el sábado la vendió mejor que el que habló el jueves (o “distinto”, se podría decir, pero para mi fue mejor la del sábado). El jueves se presentó una película con malas palabras y escatología ( ? ) y el sábado se habló de una película apocalíptica, se habló de destrucción post-destrucción. Se vendió una película totalmente diferente, y comenzás a verla con otros ojos.Creo que ese es un error muy grande, el de mostrar una obra con un manual de instrucciones. ¡Es arte! No puedo aceptar que alguien pregunte “¿Qué quisiste decir con el final?” (Debería preguntarlo en el caso de que quiera compararlo con su propia interpretación, como quien va a las páginas finales de las revistas de crucigramas para ver si la respuesta que escribió está bien y no a ver cuál es la respuesta). Imaginate que un tipo le pregunte la simbología de Chihiro a Miyazaki en un festival, lo menos que harían es mirarlo con mala cara. Pienso en cualquier tipo de expresión artística con manual explicativo y el arte desaparece. Bajo ese pensamiento de que todo tiene que estar mecánicamente explicado se anula cualquier vanguardia artística y se encasilla de idiotez al movimiento surrealista y a la metáfora en general, y al arte propiamente dicho, que es metáfora, no teoría. (Conste acá que he visto películas que no me dijeron nada y las he criticado como apreciación personal, pero no convertí eso en un axioma, porque entre un gusto particular y una crítica real de si algo está bien o mal hecho con fundamentos hay una larga distancia. Hay miles de películas de las que podría pararme entre amigos a decir “¿Qué mierda es eso?”, incluyendo a David Lynch o los Hermanos Coen por tirar nombres “famosos”, pero nunca me puse a analizarlos demasiado y quizás no esté preparado, por lo cual no me atrevo a ser opinologo sobre eso, del mismo modo que me gustan autores como Artaud (por poner un ejemplo) y alguien viene y me dice que no le entiende nada, así yo no entienda nada de muchas cosas, no por eso tienen que estar mal.Calentarse por explicar todo detalladamente es renegar un poco del estilo de la película (es como pretender explicar al “Perro chiquitito” de chimiboga). Uno puede “aburrirse” en el final o enojarse porque bajó el humor, quizás porque va con expectativa chimiboguense de que todo el tiempo hay que hacer chistes y todo tiene que tener una lógica. Y ahí es donde uno tiene la obligación de elegir entre la “cultura de masas” y la “cultura de elite” (Es como Luis Almirante Brown de Capusotto). Estoy convencido de que la película es buena, en especial el final (y la obra de teatro que es excelente), y me enorgullezco de quienes la valoraron positivamente, entendiendo su delirio, recalcando al mimo y a las papas (en lugar de la puteada y el chiste fácil) y a los que la pidieron para festivales. Inclusive hubo veces que en ciertas obras lo enorgullece a uno que haya personas que no la entienden, no porque sean inentendibles, sino porque requiere un poco de entendimiento su interpretación, sin dejar todo servido al espectador pasivo. No hay que bajar el arte para que sea entendible para todos, hay que motivar a todos a crecer mentalmente para que entiendan lo sublime que hay en ciertas obras (no hablo de sublimidad en el “El Sol”, hablo en términos generales).Desde el vamos la película me parecía un delirio medio absurdo, que hasta decía “pucha, le falta profundidad” o “en que mierda estoy laburando?!”, y al verla el sábado, me di cuenta que la tiene, y por fín estoy tranquilo con lo que salió.He aquí mi humilde opinión, intentando mostrar el panorama desde mi punto de vista, para no ver la película editada y hecha mierda para que la gente se ría todo el tiempo. Ahora bien, desde este punto de vista, para no hablar por hablar, el final me gusto porque cada cual lo puede interpretar de la forma que quiera, pero no con la libertad de mandar verdura, sino a través de indicios que están en toda la película. Esta es mi interpretación sobre por qué se busca un Mesias: es por lo mismo por lo cual se lo busca ahora. Si se lo busca en el mundo actual donde la desesperación existe, pero aún nos regimos como sociedad y no estamos totalmente deshumanizados; en un mundo más devastado donde la soledad del individuo es mayor junto con su desesperación y donde el mundo se acabó, pero la gente sigue viva paradójicamente, es obvio que algunos desesperados van a seguir buscando una justificación celestial para salvarse del mundo, de la muerte y del sufrimiento humano, y lo van a encontrar como siempre en falsos ídolos como el enano ese. Sobre el final, por un lado desde el título (El Sol), el desierto, los trajes refrigerantes, la falta de agua (que se ve en la escena del ciber donde la sacan con un aparato), se nos muestra explícitamente la carencia de agua, y la tormenta final es la muestra (esperanzadora si se quiere) de que el agua fluye nuevamente en el mundo, las plantas crecen (en el escenario que se ve en las alucinaciones de once) y el Sol sale. (El eterno retorno de Nietzsche… el constante fluir de las cosas de los presocráticos como Heráclito… el poder de la naturaleza eterna que sobrevive al ser humano que muere, pero el mundo sigue, etc, etc, etc)El mimo es quizás más rebuscado. Lo que dijo Ayar de que es una mezcla entre papa y humano es una respuesta lógica (quizás fue una respuesta casual, pero lo felicito), conozco varias personas que lo pensaron, tiene el pelo de papa, se cubre la cara, pero tiene forma antropomorfa, así que se entiende. El personaje (y acá hay un rebusque mío, que lo cuento para que vean mi interpretación) es como el Inmortal que aparece en muchas historias y cuentos (incluyendo en el cuento homónimo de Borges), ese ser eterno y solitario (pues su existencia sobrepasa la existencia de cualquier persona), que ve tristemente como se muere la gente que conoce y el sigue (eso se ve claramente, con la amistad con Once y la Morocha, que ellos desaparecen y él sigue vivo, intentando llamarle la atención a las papas que no le dan bola porque viven en su mundo papero). Es el personaje trágico de la historia (Lo asocio con Sísifo, de la mitología griega, que está condenado a levantar una roca hasta una montaña, se le cae, baja y la sube de nuevo, por la eternidad… en este personaje se basa la filosofía de la vida absurda de Albert Camus). Además puede ser tomado como una especie de “Dios triste”, un Dios eterno e impotente que ve cómo el mundo que le pertenece se destruye y no puede hacer nada, que vive en una empresa gigante y desolada. Encima es un Dios que no tiene diálogo con los humanos, porque no habla y usa los gestos (que son una especie de simbología, como lo son los libros relacionados con los dioses como la Biblia) para comunicarse con ellos (de ahí que es mimo).Disculpas si me cebé, es como para demostrarte que da para ese tipo de voladuras, que con imaginación se puede interpretar (lo cual nos motiva a no acostumbrarnos a que nos vendan todo servido y a ejercitar la mente, para luego votar con conciencia en las próximas elecciones, je).La película es buena, porque tiene esto y porque te cagas de risa. No hago la crítica de lo gracioso, porque es obvio que es graciosa, la gente se caga de risa acá y en Europa. La gente de la película es como la gente real: hay extremista (bonitos), tipos agresivos que tendrían que ser los buenos supuestamente (poses), politicos corruptos, religiosos, sectas, tecnología, rutas, tetas, un mimo, papas… Todo!SaludosMagrio-------------------------------------------------------------------------------
.......................................................

Comentario de Rodrigo "Terranova"

Llamémosle crítica de “El Sol”
Hola, amigo:
En más de algún medio te vi decir “una peli con acción residual” y solo lo comprendí cuando lo viví. Fui con un compañero, estudiante de la FUC con el que compartimos charlas de cine y escribimos guiones cada tanto, solo por diversión. Las expectativas existían, pero en su caso, al finalizar la película, me comentó que las tenía muy bajas (convengamos que no vio Mercano ni Chimiboga) y que a partir de la primera media hora “entendió todo” y la disfrutó de lleno. Por mi parte esperaba una continuación de las animaciones de Chimiboga (solo en esos casos vale la pena “esperar”) y me llevé una buena sorpresa al encontrarme, no solo riendo, sino, pensando en más de una escena y sintiendo cosas extrañas de “No se explicar que fue eso, pero que bueno estuvo”, sensación que hacia el final de la peli tiene su clímax absoluto, algo que me hace dudar de la crítica más inmediata que se limitó a hablar de la cantidad de puteadas que hay, teniendo entre sus diálogos frases tan grandes como “Donde hay agua hay animales, donde hay Internet hay humanos” o escenas tan memorables como el teatro de mutantes o el mini-documental sobre la evolución de las papas.Los personajes (a diferencia de Mercano) caen bien sin ninguna pretensión extra, tienen un realismo “épico-barrial” que dejó de lado esfuerzo alguno para diferenciarlos. A Suppa lo podríamos encontrar a la vuelta de la esquina de nuestra casa, y no importa si es un chiste interno, uno lo está conociendo ahí, igual que el mini-Rovella o el Ratón Miquei. Las voces salen exitosas, especialmente la de Once, que tiene una naturalidad que te hace olvidar que estas viendo un dibujo hecho en Flash. La música es esencial para la película y sabe complementarse, especialmente la escena final, igual que algunos sonidos particulares, como el de las máquinas de Internet o los vehículos. Solo sentí molestia en los primeros 20 minutos, donde el sonido me parece que falla.La sensación general que me dio fue de frescura, y para salir de ese cliché, me refiero a la sensación de haber visto algo “distinto” pero que a la vez cae bien, porque carece de excentricidades o de ambiciones que van más allá de lo que simplemente es. Queda una sensación barroca de collage y de haber visto muchas cosas en poco tiempo, y dan ganas de recordarlas todas para después compartirlas, por eso creo que la mayoría de los que la vieron quieren verla de nuevo. La película, en general me recuerda al modo “swing” de escribir que tenía Jack Kerouac, eso que Gary Snyder define como “Escritura espontánea y todo eso”. Si, había un guión, pero las cosas que suceden mientras uno crea un mundo nuevo no salen ahí (Como por ejemplo, el dr. Tangalanga leyendo diálogos que no eran los suyos), y cuando eso se nota en la pantalla, uno siente que está viendo algo real, para nada forzado.Yo se lo que costó, y también que toda esta parte da muchos nervios, pero ya pasó, y el verdadero éxito esta vez no viene de ninguna crítica “especializada”, sino de las personas sensibles que se dejaron llevar por el mundo de “El Sol”. Los verdaderos sobrevivientes de Poblar.Y con eso y todo, creo que le va a ir bien con el gran público, tiene todo mi apoyo psico-moral y por lo que vi, de muchos más.Me quedo pensando en ese final miyazakista, y en las personas que lo criticaron como algo disconexo, ¿es posible criticar lo personal?, como en la escena de cierta película, donde un personaje, desde un pasillo en llamas gritaba a otro: “Estas viendo el interior de una mente”, eso es lo que vimos, y es imposible de describir. Como dice Auster en “La invención de la Soledad”, “La vanidad de intentar decir algo de alguien”. Me tomo esa vanidad para decir solo una cosa más: Me encantó!Un abrazo! Rodrigo “Terranova”

viernes, 2 de abril de 2010

MIGRAÑA

Este cuento se lo dedico a todos los amigos/as que padecen migrañas.

....................................

Había en ese rostro algo interno que no encuadraba bien, sus ojos negros miraban detrás de los lentes con una mezcla de ansiedad que podría también haberse interpretado como el hábito de alguien que miraba insistentemente con la enfermiza intención de que el otro se sintiera molesto. Era de mediana estatura, con una incipiente calvicie, el hombre tenía la piel pálida, amarillenta como la de un anémico, los labios casi blancos y medianamente gruesos insinuaban una sonrisa falsa que dirigía a ratos a la mujer que estaba a su lado abrazándolo.
El hombre me había visto en el tumulto, seguramente alcanzó a ver mi largo cuello y pugnaba por encontrar la continuación de éste entre los brazos que se cruzaban aferrados a los tubos del trolebús; poco antes yo lo había mirado rápidamente cuando él todavía no me descubría y tuve tiempo de colocarlo en el casillero correspondiente a la colección de máscaras que dejaron en mi memoria una sensación extraña y desagradable. No era feo pero esa forma de desdoblarse para mirar a uno y otro lado y volver luego sus ojos a la mujer que estaba a su lado y a las otras mujeres que salían, entraban y cruzaban a empellones, definitivamente era desagradable, me daba la sensación de estar ante ese tipo de persona cuya anemia debía invadir todos los actos de su vida. La mujer que le acompañaba era un bulto apretado a su lado, al enfocar su rostro escudriñé unos rasgos faciales que al comienzo no me decían nada, mi rechazo por el hombre no me permitía observarle a ella pero hice un esfuerzo y me fijé en unos ojos que no pedían más que el placer de estar aferrada a su hombre. Tanta mediocridad me aterraba, finalmente giré la cabeza y ya no quise mirarlos más.
Bajé en la siguiente estación y fui directamente a la oficina donde debía realizar el trámite para recobrar el uso normal del agua potable, en una ciudad donde se hacía cada vez más difícil tener luz, agua o teléfono.
Cuando llegué había una cola tan larga como para descorazonar a cualquiera. La impaciencia que uno reúne durante el día con tantos contratiempos, alimenta una neurosis ciudadana difícil de controlar y que al menor motivo estalla en insultos, agresión física o suicidio encubierto en un atropello accidental sobre las calles congestionadas de ésta tan mentada sanfranciscana ciudad.
Tales expresiones de desesperación no habían sido tomadas en cuenta por los administradores de las empresas que se arrellanaban en sus cómodos sillones y pensaban en el cebiche que se comieron el fin de semana o en el futuro cebiche que se comerían con el jefe del otro departamento, perdidos y a salvo en el bosque de oficinas y ventanillas que iba yo seguramente a recorrer como tantos otros, para recibir finalmente un "venga otro día con tales y tales papeluchos". Con esos y otros pensamientos y haciendo la cola en la vereda bajo un sol infernal, me vino inevitablemente una jaqueca de esas que me impedían ver, oír y me apartaban de la realidad como una droga alucinógena. Traté de cubrirme del sol y estoica o masoquistamente continué en la cola porque me faltaba poco para llegar a la codiciada ventanilla. Cuando terminaron las cinco personas que quedaban adelante, me asomé ante el empleado, justo cuando el drama final de la jaqueca se disolvía entre una bruma que antecedía a una visión más clara, una calma artificial y una sensación de nausea.
Cuando miré al hombre que atendía al público, era como si hubiera llegado al madero que me salvaría del naufragio y no me llamó la atención que aquel empleado fuese el pálido y anémico del trolebús. Todo aquel purgatorio había sido la antesala de ese encuentro, el hombre alzó la mirada como reconociéndome y al ver mi palidez preguntó si me sucedía algo. Traté de explicarle que estaba saliendo de una asquerosa migraña pero que sabía cómo manejarla. Sonrió amablemente y me atendió con diligencia, cuando volvió trayendo el sello que necesitaba para estamparlo en el papel, además de un vaso de agua y una tableta, me dijo que hace unos momentos mientras viajaba en el trole, él había tenido el mismo problema y que a veces cuando le daban esas migrañas, él se divertía viendo la mitad de la cara de la gente hasta que se disipaba y todo volvía a la normalidad.- Cargamos nuestra propia droga dijo riendo, pero eso sí, -añadió fraternalmente- le recomiendo, tómese esta pastilla porque puede venir después un fuerte dolor de cabeza-, le acepté emocionada el agua y el medicamento, me deshice en agradecimientos y luego vino la ceremonia de la despedida, pidiéndole mil disculpas en un secreto y sincero acto de contrición.

domingo, 28 de marzo de 2010

EL CUENTO

El cuento es el género más antiguo. El ser humano siempre ha sentido la necesidad de contar acerca de su experiencia vital y sobre sus visiones del mundo. Se expresó en forma oral en un principio, pero cuando el humano aprendió a leer y a escribir se pobló de cuentos y apareció la mitología para explicar sus perplejidades derivando en religiones.
El Satiricón es una novela hecha de cuentos según Cabrera infante, luego el cuento aparece como romance y después como cuentos de aventuras y de fábulas.
Después de los trovadores, el cuento aparece en Oriente: Las mil y una noches, es un conjunto de cuentos que deslumbraron al mundo a finales de la Edad Media, e influyeron en el Decameron de Bocaccio, en los cuentos de Canterbury de Chaucer y en España, en las novelas ejemplares de Cervantes.
Después vinieron otros cultivadores del género: en Francia Maupassant y en Rusia Chejov, Tolstoi, Turgueniev, Gogol y Gorki. En Inglaterra el cuento toma diferentes expresiones e induce a la ensoñación y a la pesadilla, inventan la novela policial y de misterio además de los cuentos fantásticos: Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes), Rudyard Kipling, Agatha Christie que renueva el género, Joseph Conrad, entre muchos otros.
En los Estados unidos es donde más desarrollo tuvo este género: desde Washington Irving, por nombrar a los más conocidos, Nathaniel Hawthorn, Herman Melville, Edgar A. Poe, MarkTwain, Henry James, Katherin Anne Porter, Dorothy Parker, William Faulkner, Scott Fitzgerald, Ernest Hemyngway, entre muchos otros.
Latinoamérica ha sido también campo fértil para los cuentistas: García Márquez, Rulfo, Vargas Llosa, Augusto Roa Bastos, Onetti, Horacio Quiroga, Borges, Cortázar y tantos otros.
El cuento tiene sus propias reglas. Poe define al cuento como un diseño preestablecido dirigido, sin vueltas ni circuitos, a obtener el efecto deseado.
El estudio del cuento es apasionante, por la magia y los misterios que encierra este género y la atracción que ejerce sobre el lector.

jueves, 11 de febrero de 2010

LA ANIMACIÓN Y CHIMIBOGA

Uno de mis seguidores: Chimiboga, un personaje enigmático, ustedes podrán admirar la alegría sin par que refleja su amplia sonrisa cuando hagan un acercamiento (última foto a la derecha). En realidad es un nombre ficticio, detrás de este personaje y de la fotografía, hay un artista real que trabaja en animación. Si ustedes entran en su página podrán ver sus haniasiones como él las denomina: son pequeñas historietas animadas con personajes que tienen muchos seguidores en la Argentina, sobre todo entre los adolescentes.
Las historias cortas, a veces con apariencia ingenua en sus trazos, en los argumentos y en el estilo, pueden derivar en el absurdo hilarante o en desenlaces algo crueles y sangrientos, cosa nada extraña en la práctica del comic tan en boga entre los jóvenes historietistas de un género que poco se ha cultivado en el Ecuador, salvo la caricatura para satirizar la política, aunque actualmente hay indicios del surgimiento de algunos cultores del comic entre los jóvenes ecuatorianos. El comic, de larga trayectoria en la Argentina tiene autores de renombre, conocidos en el amplio mundo de la historieta que tanto furor causó entre las generaciones de los ahora padres y abuelos de los nuevos creadores en este arte, muy difundido a mediados del siglo pasado, antes de la invasión televisiva e informática, sin embargo, en la actualidad el cine no ha logrado desplazarlo, ni tampoco la informática, por el contrario han servido como instrumento para que el dibujo de la historieta se convirtiera en cine de animación.
Ayar Blasco, el autor detrás del personaje antes mencionado, ha logrado trasladar al cine con su estilo naive y su dosis de violencia, aspecto que refleja la Argentina de la guerra sucia, la crueldad de los años en los cuales nació esta generación de historietistas, animadores y cineastas. Ayar es autor de dos largo metrajes de animación. Primero fue Mercano el marciano, realizado hace unos años junto a Juan Antín; Mercano... debutó como serie de televisión en la Argentina, y luego como película, la misma que fue exhibida en el último festival de animación en Quito. Ahora, el nuevo film animado de Ayar Blasco, El sol, fue invitado al festival de Rotterdam en el rubro de películas con futuro brillante. Esperamos verla en algún momento en las salas de cine de nuestro país.
Para los interesados en curiosear esta página: http://www.chimiboga.com/ (ir a haniasiones).
Felicitaciones a Ayar Blasco y también a todos quienes contribuyeron junto a él creativamente en la construcción del material visual que nos llega en forma de historietas, animaciones y películas.

martes, 5 de enero de 2010

Iniciamos el 2010: que tengan un muy buen año CUENTO: EXHUMACION


Este texto ha sido tomado de mi libro "El aldabon del sueno".

EXHUMACIÓN

Voy y vengo, errante por los pasillos, me asomo bajo las plantas que penden de los arcos entre pilares de piedra. Abajo está el patio y su pileta rodeada de maceteros con flores, la percibo como antes la veía. Emerjo de los recovecos oscuros, de las habitaciones donde envejecen y mueren generaciones de monjes sofocados por los rezos, por el olor del incienso y de sus propios cuerpos herméticos. Recorro los mismos espacios donde viví otros tantos años, adivino mi antigua forma, presiento mi pelo entrecano y la barba espesa, el hábito que formó parte de la figura que fui, de ese cuerpo que alguna vez tuvo consistencia sólida y ocupó un espacio.
Hay veces que ellos vienen en fila repitiendo las letanías, los cánticos o los rezos. Me interpongo en su camino, me llegan sus oraciones por los que como yo están pagando alguna maldita obsesión que no pudieron realizar. Cómo trasmitirles esta circunstancia, este fragmento de vida que aún tolero y que me impide desaparecer de mí mismo. Ellos hablan del purgatorio e infierno pero no imaginan ni remotamente que uno pueda quedarse atrapado en esta prisión insensata.
Pervertí los caminos sustrayéndome a ciertos momentos de lo que llaman felicidad. Incapaz de sentir con los poros, con la médula de los huesos, viví muerto a esas sensaciones. Guardar objetos y enterrar sentimientos atroces me arrojaron a este absurdo. Una sola vez experimenté la exaltación del amor. Había levantado el cáliz durante el ritual de la misa, el fulgor de las velas se reflejaba en el oro del altar y la magia de unos ojos me atravesó como un estilete. Cuando dejé la capilla, ese ángel o demonio que había descubierto durante la ceremonia esperaba mi salida en compañía de otros jóvenes junto a la escalinata de piedra. Lo contemplé perplejo, debía tener dieciséis o diecisiete años: su pelo suave tenía el color del cobre y los ojos intensamente verdes poseían una expresión de malicia. Un extraño fuego apretó mi corazón, creando un sentimiento del que ya nunca pude liberarme. Al detenerme frente a él mis labios temblaron y no logré articular palabra, cuando les di la espalda y me alejaba escuché sus risas y me ruboricé humillado y confuso.
Tenía yo entonces, veintiocho años y asistía como sacerdote y guía espiritual en ese colegio de varones. Jamás había tenido antes una inquietud semejante, me avergonzaba y entristecía ese deseo extraño que me arrastraba en su remolino hacia un océano sin fondo. Después de cambiarme el atuendo de la ceremonia volví a la capilla vacía, mis piernas flaquearon al arrodillarme pero el olor del incienso me otorgó cierta calma. Junté las manos mirando hacia el altar mayor. Unas pocas velas lo habían sumido en la penumbra. Luego de orar me levanté y al girar para salir, una silueta delgada se acercaba por la nave principal. Cuando estuvo frente a mí su mirada me deslumbró como un relámpago. Una horda incontenible de sentimientos me invadió súbitamente el pecho y su fuerza centrífuga amenazó con devorarme. Casi al borde del pánico lo empujé con violencia y su cabeza golpeó secamente en la esquina de una de las bancas. Con horror contemplé su cuerpo sacudido por el espasmo y la sangre oscura que brotaba de su oído. Salí huyendo despavorido y me encerré en la celda, más tarde escuché con expresión helada, las murmuraciones sobre la extraña muerte del joven.
Sufrí el mayor de los tormentos, desde entonces flagelé mi cuerpo cada noche, hasta que el extravío se apoderó de mí. En un momento de lucidez, tomé un papel para escribir algo que supuse coherente, frases cortas como escritas en sueños. Después volví a hundirme en la locura, en esa ofuscación perdí aquellas palabras, las escondí en algún lugar que en vida nunca pude recordar. Ahora sé donde están, pero mi estado incorpóreo no me deja llegar hasta ellas para sacarlas de su entierro. Durante el tramo que me restó de vida fue una obsesión, encontrar el lacónico mensaje; lo buscaba en los rincones de mi celda, en los cuartos vecinos, sospechaba de todos y fastidiaba a los monjes, continué sin tregua en esa búsqueda inútil.
Volvieron las flagelaciones, las frases obscenas, la demencia. Por las noches, desde mi encierro gritaba hasta quedar exhausto, corrió entonces el rumor de los azotes y silicios que laceraban mi cuerpo, así como la posibilidad de una futura beatificación.
Envejecí, tratando en vano de recuperar el automensaje que habría de salvarme, agobiado por la limpieza y pulcritud del convento y de mis propios aposentos. A veces volteaba los cestos de papeles, cuando creía que nadie me veía, y pasaba largo rato revisando cada minúsculo papel, hasta que algún hermano me levantaba del piso regañándome. Nunca pude restablecer la comunicación con los demás hasta el día de mi muerte.
Ha pasado más de un siglo quizás, con la salida del sol me acerco al gran portón de entrada, llega la cuadrilla de trabajadores que restaura actualmente el convento, siento sus voces, el movimiento, el manejo de sus herramientas, su olor diferente al que desprenden los religiosos del monasterio. No me sobrevive el olfato, como tampoco los otros sentidos, al menos no como antes, es algo difícil de explicar; poseo una sensación que abarca todos los sentidos, todos los tiempos: un pasado, un presente y un futuro superpuestos. Subsisten los sentimientos en un nivel indescriptible, tengo percepciones positivas o negativas, acercándome a un parámetro matemático que nunca manejé bien en vida. No puedo decir que sufro o soy feliz, estoy fuera del tiempo humano, limitado en un espacio como un satélite en su órbita. Sé que en algún instante de este otro tiempo en el que giro, mi estado habrá de cambiar, cuando un humano desprevenido active sin saberlo, el mecanismo que me conducirá a otras dimensiones del espacio como un arroyo que se abre al océano.
Agustín, uno de los albañiles, se acomoda oscuro y silencioso contra la pared sobre un colchón de aserrín. Me complace ejercitar estas experiencias de conocimiento. Pasará la noche en mi compañía, llegado el momento, el viejo reloj marcará la hora.
Como todo fantasma, asumo la tarea con diligencia, atravieso la nave principal, me detengo bajo el haz de luz que proyecta la luna y débilmente se dibuja mi antigua forma al deslizarme hacia el rincón donde mi amigo duerme. Cuando estoy frente a él trato de formar una voz con su propio ronquido, llamándolo por su nombre. Abre los ojos y me mira asombrado. En mi afán por lograr comunicación permanezco inmóvil un momento pero su temor me obliga a desaparecer en el fondo del corredor, lugar donde yace bajo tierra, mi secreto olvidado.
Cuando las voces vuelven al amanecer, Agustín los espera acodado en el pasamano, mira pensativo y se pregunta si lo de la noche anterior había sido un sueño. Los trabajos continúan por algunos meses, finalmente tendré una nueva oportunidad para intentar otro contacto: mi amigo se quedará a dormir con un compañero en el convento. Por detrás de una nube surge la luna y su luz penetra por la ventana de la capilla. Los dos se han acomodado sobre los colchones en un rincón del corredor, su compañero, enterado de la experiencia de la otra noche lo mira y ríe, después se hunde en el sueño y aparezco por la puerta de la capilla. El ronquido del otro despierta a Agustín, me deslizo entonces hasta el fondo del corredor, ante la puerta de la biblioteca en restauración. Percibo la mirada atónita de los dos hombres sobre mi figura débilmente dibujada en el aire mientras me hundo en el subsuelo que oculta mis tesoros. Los dos testigos de mis andanzas nocturnas cuchichean entre ellos y un buen día, pico y pala en mano empiezan a excavar justo en el lugar donde yo había marcado. Paulatinamente fueron desapareciendo en la zanja hasta tocar con sus herramientas el objeto metálico, sus manos dan forma al pequeño baúl, retiran la última delgada capa de tierra y lo sacan sin mayor esfuerzo a la superficie. Con singular nitidez me llega el forcejeo de los metales y el abrir pesado de la cubierta del cofre, un torbellino de sensaciones brota desde esa boca abierta insondable. Empiezo a recuperar de un modo insólito la visión de otrora y el oído inexistente cuando el viejo reloj deja escuchar su tañido grave. De espaldas a mí, los obreros dan cuenta de lo que hay en el interior del hallazgo: un libro antiguo escrito en latín, unas pocas monedas sin valor y un crucifijo de plata. Hojean el libro y encuentran el papel amarillento doblado, que más tarde se convertirá en polvo. Agustín lo abre cuidadosamente y lee con dificultad: "Al fondo de este callejón interminable me espera un abrazo, percibo el amor y lo busco con mis dedos ciegos, única puerta cuyo recuerdo me librará a otros espacios". De pronto recobro mi antigua forma y una intensa fosforescencia emana de esta imagen que proyecto ahora y se extingue lentamente; una sensación de paz me lleva dormido a otras constelaciones.
Y.Z.