domingo, 9 de junio de 2013

D.H. LAWRENCE: MUJERES ENAMORADAS

EL PROBLEMA DEL AMOR EN UN ENTORNO MINERO

D.H. Lawrence, escritor inglés de entre la primera y segunda conflagraciones mundiales, nacido en una Inglaterra devastada y sumida en una crisis económica profunda desde dónde surgió la revolución industrial de tanta repercusión en el mundo.

Lawrence fue testigo de la miseria de los trabajadores en las minas, su propio padre fue un minero, por lo tanto el escritor había conocido y vivido en carne propia la miseria y explotación que significó para esos obreros, el trabajo en las minas de carbón. En sus novelas se filtra la lucha de clases,  y aunque el tema central de Mujeres enamoradas no es precisamente mostrar el conflicto social y tomar partido por los explotados, el escenario social y el fondo oscuro de las minas de carbón, subyace en toda la novela como una sombra de la cual no puede sustraerse.

Escritor de un talento excepcional, analizaba y hurgaba en el fondo de la problemática humana, sus novelas son un tratado sobre el amor, la sexualidad  y la conducta de  hombres y de mujeres. Aunque hay una dosis de misoginia en ciertos momentos de su obra, en otros extrae más bien de su lado femenino, párrafos memorables sobre los sueños y la aspiración de libertad que emergen del género femenino, como una rebelión abierta en unos casos, en conductas retorcidas en otros, o en locura por asumir el control de todo bajo el pretexto de la maternidad, y alega sobre la condición de la mujer en la sociedad, que transmuta en astucia, en crueldad y en venganza deliberada en muchos casos.  Al hombre, por otra parte, lo muestra abierto aunque sufriente también en el mundo del trabajo, pero más libre para optar por decisiones en la vida aunque también sujeto a los apremios sexuales y a un ansia de poder y de demostrarse a sí mismo esa capacidad para someter a otros bajo su voluntad, en ello va incluida la naturaleza cuando hace un discurso desde el propietario de las minas: “Tenía que celebrar una lucha con la materia, con la tierra y el carbón que encerraba. La única idea era ésta; volverse hacia la materia inanimada del subsuelo y reducirla a su voluntad.” Y en otro párrafo: …Una mirada agudizada apareció sobre el rostro de Gerald. Cayó sobre la yegua como un borde afilado y la forzó a dar la vuelta. El animal rugía al respirar, sus narices eran dos agujeros anchos, calientes; su boca estaba abierta; sus ojos en un frenesí. Era una visión repulsiva. Pero él se mantuvo sobre ella sin relajarse, con una tenacidad casi mecánica,…

El mundo de los hombres separado de aquel de las mujeres, era un concepto muy arraigado en la sociedad europea de la época, el hombre misógino y poderoso y la mujer en situación marginal, atada a sus dependencias emocionales.  Incapaz de encontrar un complemento en la mujer busca entre sus iguales afirmar su masculinidad, hecho que enmascara las inclinaciones homosexuales o la falta de identidad sexual marcada por las experiencias en la infancia o adolescencia y que se ocultan bajo una apariencia de masculinidad exacerbada. En la novela los personajes masculinos sienten atracción entre sí pero no ceden a sus inclinaciones porque necesitan mantener las apariencias de hombría frente a una sociedad llena de prejuicios. La dualidad sexual de hombres y mujeres está presente en esta novela, los protagonistas viven en una permanente lucha entre su racionalidad y sus instintos.
El tratamiento psicológico de los personajes, el lenguaje literario y filosófico es llevado con brillantez, aunque a veces pueda considerarse excesivo y contradictorio pero que cala bien en esta novela torrencial donde un realismo escabroso y provocativo es el signo central, si bien la traducción al español no llega tal vez a expresar lo que la lengua inglesa con su riqueza lingüística propone en esta narración, un discurso denso y penetrante surcado de imágenes poéticas  subsiste tanto en el monólogo interior como en los diálogos.

La novela expone además los conflictos sociales como un escenario inevitable y sombrío donde se presiente la angustia existencial de una humanidad entre dos guerras, y con el giro que la revolución industrial dio a la existencia de los trabajadores enfrentados a la máquina como una señal de desplazamiento en la vida laboral y sus efectos sobre la ya miserable subsistencia de la clase proletaria, que empezaba a buscar su reivindicación en las luchas sociales.
“…los hombres no estaban contra él, pero estaban contra los patronos. Era una guerra y sin quererlo ni beberlo, se encontró en el lado malo, para su propia conciencia…” (Pag.266)

D.H.Lawrence, un hombre que vivió todas las vidas, involucrado en el tráfago de la época y cuyo talento literario nutrido por una profunda sensibilidad y aguda inteligencia, le permitió diseccionar el alma de los seres humanos que poblaban su mundo interior, proyecciones del afuera, de la violencia y del cataclismo de las guerras que sumieron al ser humano en estado de rebelión y derrota en esa paradoja destructiva de la máquina al servicio de la muerte como destino inevitable.

Yvonne Zúñiga



No hay comentarios:

Publicar un comentario